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Número Especial
Setiembre 2018
Black Mirror: A través del espejo negro
ISSN 1553-5053


[marron]Resumen[/marron]

La premisa de "Hang the DJ" es bastante simple: las personas prefieren que un sistema de software decida por ellas. Es más fácil que Otro decida y solamente obedecer, eso quita la responsabilidad y la duda de haber realizado la opción correcta. La eterna, insidiosa, asfixiante duda se diluye, en la medida que no hay que decidir. La vida se torna una sumisa obediencia a los mandatos de un Otro sabio. Pero en cuestiones del amor, no hay saber que se sustente y este será el eje en el que se centre nuestro análisis.

[marron]Palabras clave:[/marron] amor | deseo | psicoanálisis | series

Abstract English version

Hang the DJ: No hay DJ del DJ

Elizabeth Ormart

Universidad de Buenos Aires

Quema la discoteca
Ahorca al maldito DJ
Porque la música que constantemente ponen
No dice nada acerca de mi vida.

The Smiths (1988)

El amor, es un laberinto de malentendidos cuya salida no existe.
Miller (2008)

La duermevela en serie

El estatuto ficcional de la verdad, escenificada en la trama de BM, permite desentrañar del contingente avance tecnocientífico, lo que produce sujeto, aquello que podemos llamar el carácter simbólico de la especie humana.

En esa fina frontera entre lo real y lo ficcional, como en la duermevela freudiana se entretejen nuestras fantasías más reales. O usando categorías lacanianas, emerge lo Real en el contorno de lo Simbólico.

Amy (Georgina Campbell) y Frank (Joe Cole) son dos individuos que viven dentro de un sistema gobernado por una compañía digital que dictamina la compatibilidad romántica, por cuánto tiempo un sujeto debe salir con determinada persona, y quién será tu pareja definitiva-como si esto fuera predecible-. Es decir, que ellos no tienen ni voz ni voto en ese contexto y deben obedecer las órdenes del software. Su primer encuentro es gracioso, signado por la torpeza de Frank y el sarcasmo de Amy. Frente a la intimidad, surgen las excusas y los miedos, esperan la orden de dar inicio al encuentro sexual, pero la maquina sugiere el dialogo y el consenso, que los paraliza. Sin embargo, en la habitación destinada al amor no hay sexo pero hay intimidad, hay encuentro profundo de dos soledades. Las manos entrelazadas, un detalle nimio y sin trascendencia, se vuelve la antesala de lo imprescindible para el amor.

La publicidad sostiene que en un 99,8 % el sistema selecciona las parejas adecuadas. Se trata de creer en la maquinaria estadística y obedecer. La teoría de Amy es que el sistema te va llevando por numerosas relaciones fallidas para cansarte y cuando tu voluntad está deteriorada, te ofrece la media naranja. La pareja ideal es la última y es una cuestión de fe. Creer en ese gran otro tecnológico que resolverá las fallas humanas o las reducirá al mínimo, es la promesa que sostiene el discurso de la ciencia desde sus orígenes. La separación de Amy y Frank que dictaminó el sistema, los confrontó con otro encuentros, que reforzaron la certeza retroactiva que de haber encontrado al verdadero amor. Y cuando sus vidas se opacaban en la rutinaria sucesión de otros, El software les dio una segunda oportunidad. Se prometieron gozosos disfrutar su tiempo juntos, sin la presión de contar los días que les faltaban para separarse.

Pero Frank se sentía tan feliz que no pudo aguantar la tentación de saber cuánto tiempo le quedaba junto a Amy, y aunque había prometido no mirar el reloj, lo hizo. Pero su curiosidad fue castigada y el dispositivo empezó a recalcular la fecha, acotándola cada vez más. Los maravillosos cinco años futuros se redujeron a veinte horas. La desesperación de Frank no tuvo impacto en el resultado y las últimas horas pasaron velozmente. La posibilidad que Otro decida por él ya no parecía tan buena. La liberación de la duda neurótica, tenía un costo demasiado elevado: la propia libertad.

Finalmente a Amy le llega la notificación que fue hallado su verdadero amor, y no es Frank. Entonces, ella decide tener una última cita con él para despedirse. El sistema se lo permite. Sin embargo, es el subterfugio de Amy para huir con Frank.

La rebelión al sistema ocurre como una decisión por fuera del cálculo. Pero lo más sorprendente es que la certeza del sistema radica en su falla. Hang the DJ, hace referencia al estribillo de Panic, una de las canciones de la banda británica The Smiths. Estribillo que escuchamos al finalizar el episodio y que es una apuesta a ir más allá de las certezas del Otro.

El amor es un error de cálculo

En realidad no importa la sucesión de citas, de personas, etc. Alguna de esas es la correcta y cuando el sujeto está dispuesto a elegir por fuera de las garantías que le da el Otro es el punto en el que no se equivoca.

Una particular relación del sujeto hacia un objeto, tan nimia como cualquier otra, un no sé qué, inexpresable en palabras, que los une, y cuando se enlazan no hay vuelta atrás.

Cuando Amy y Frank descubren que se aman caen en una situación de precariedad, ya que sin darse cuenta el otro se vuelve imprescindible y quedan uno a la merced de la voluntad del otro. Ese otro, tan incompleto y necesitado como nosotros, ahora tiene el poder de aceptarnos.

Amar, decía Lacan es dar lo que no se tiene. Lo que quiere decir: amar, es reconocer la propia falta y darla al otro, ubicarla en el otro. No es dar lo que se posee, bienes, insignias, ideales, es dar algo que no se posee, que va más allá de sí mismo. Para eso, el amor es siempre un encuentro con la falla del sistema, o en términos freudianos la castración.

J-A Miller (2008) sostiene: “No, entre tal hombre y tal mujer, nada está escrito por anticipado, no hay brújula, no hay relación preestablecida. Su encuentro no está programado como el del espermatozoide y el del óvulo; nada que ver tampoco con los genes. Los hombres y las mujeres hablan, viven en un mundo de discurso, es eso lo que es determinante.”

Ese resto, ese real que no entra en la maquinaria simbólica es el objeto del amor. Un resto de la máquina de calcular. Aquello que desbarata todo calculo posible.

En términos de Laurent (2014) “La estructura del deseo humano, centrada por Lacan en el sujeto en tanto no es el falo, se separa radicalmente de la que emerge de la tragedia de Edipo. Se sitúa fuera de las referencias al Nombre-del-Padre, fuera de las referencias al orden simbólico. Más exactamente, esta estructura del deseo es lo que produce desorden en lo simbólico”. Es justamente, por la emergencia del deseo que se desordena lo simbólico y con ello la posibilidad de realizar un cálculo estadístico del amor.

¿Existe una máquina que pueda saber con certeza cuál es el amor verdadero? Ciertamente no. Sin embargo, es promisoria la expectativa que el ser humano sostiene desde sus orígenes, inspirada en la mitología griega, de encontrar la media naranja que los dioses por celos separaron.

La esperanza de hallar el ser humano que me complete, como tantas otras verdades subjetivas dichas a medias en los mitos, nos habla de la estructura misma del deseo humano y del amor, que solo puede darse a conocer como una herida abierta, como una parte robada, como algo perdido y anhelado, como una cicatriz de un todo que nunca fue.

Bibliografia

Miller, J (2008) Publicado en la Psychologies Magazine, octobre 2008, n° 278.

Laurent, Éric (2014) Qué es un psicoanálisis orientado hacia lo real? Revista Freudiana.




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