Por las noches mi cabeza no descansa. Pienso en las personas que pedían ayuda a gritos y que ya no están. Me pregunto: Dios mío, ¿cómo podríamos haberlas salvado? ¿Qué haríamos si esto volviera a ocurrir? Los pensamientos no paran. Uno detrás de otro, sin descanso.
Lo mejor que pasó fue un abrazo. El trauma no es solo la falta de una casa. Falta una palabra, una caricia, una atención, porque los vecinos se dispersaron. Ya no viven cerca unos de otros. Eso también es un trauma para las personas.
Testimonio de Margareth Augustini [1]
Introducción
La noción de “disrupción” propuesta por el Doctor Moty Benyakar da cuenta del quiebre, la sorpresa, la brutalidad y lo incierto con que determinados eventos fácticos impactan en el psiquismo. Al mismo tiempo, es una noción de enorme sutileza y complejidad, ya que se trata de un constructo teórico-relacional que da cuenta del encuentro entre las propiedades del entorno y el punto de fragilidad del sujeto (Michel Fariña, 2006).
Este encuentro va a precisar de un eslabón más; el trabajo de lectura y escritura de la situación singular de catástrofe por parte de quien, o de quienes, se dispongan a esa ardua tarea. Lectura y escritura que no se suponen pasivas, meramente teóricas o reflexivas, sino que suponen el recorrido de un acto de intervención que tuvo lugar con anterioridad, o bien del compromiso de un trabajo a realizar a posteriori del evento ocurrido, que contribuya al conocimiento y campo de acción futuro en materia de catástrofes y desastres principalmente, en el área psico-social.
Entonces, lectura y escritura tienen también una implicación ética y humana en aquello ocurrido, que responsabiliza a cada agente de intervención: allegados, socorristas, enfermeros, bomberos, comunicadores, abogados, psicólogos, cada uno en su especificidad y particularidad. Esta labor implica recuperar la dimensión ética ante las catástrofes y la responsabilidad del sujeto frente a su experiencia con el horror (Michel Fariña, 2006).
Inundaciones en Rio Grande do Sul, Brasil
En este artículo analizaremos las consecuencias subjetivas de una de las mayores catástrofes climáticas de la historia de Brasil. El 1° de mayo de 2024 se declaró el estado de calamidad pública en todo Rio Grande do Sul. Las inundaciones afectaron a casi la totalidad de los municipios del estado provocando pérdidas humanas, desplazamientos masivos, destrucción material y profundas consecuencias sociales. Millones de personas fueron afectadas, cientos de miles debieron abandonar sus hogares y miles de familias quedaron expuestas a situaciones extremas de desamparo, pérdida, incertidumbre y trauma colectivo.
En términos fácticos, la magnitud de este evento puede dimensionarse a partir de los siguientes datos: de la superficie total del estado de Rio Grande do Sul, que es de 281.738 km², fueron impactados 10.744 km². Asimismo, de los 11.229.915 habitantes del estado, 2.300.000 personas resultaron afectadas, se produjo el desplazamiento de 580.000 habitantes y se registraron 186 muertes.
El impacto sobre el sistema productivo en general, provocó la pérdida de numerosos puestos de trabajo, afectando directamente las economías familiares. Se registraron pérdidas superiores a 800 millones de dólares en la producción de arroz y frijoles, además de la pérdida de 5 millones de toneladas de soja.
Dado que Rio Grande do Sul es el principal productor de arroz de Brasil, las consecuencias económicas trascendieron el ámbito regional y afectaron la economía del país en su conjunto. Las pérdidas en la producción agrícola también provocaron el encarecimiento de los alimentos, incrementando así la inseguridad alimentaria.
Sin embargo, desde la perspectiva de la intervención psicosocial, el eje de análisis que nos proponemos en esta ocasión no se centra únicamente en el hecho fáctico de la inundación, sino en los procesos psíquicos, sociales y vinculares que emergen frente a la experiencia disruptiva.
Vagalumes: un dispositivo ético-asistencial
En este contexto, la psicóloga y psicoanalista Cristina Dariano Kern, oriunda de Río Grande do Sul, quien para el momento de la tragedia residía en Barcelona, España, afectada emocionalmente por lo que estaba ocurriendo, convocó a través de su red profesional a colegas interesadas en conformar un dispositivo de atención psicoterapéutica en línea. La iniciativa surgió de manera espontánea, sin financiamiento previo ni autorización institucional formal. Iniciativa que respondió a un impulso ético y a su experiencia en otros eventos disruptivos.
Así nació el grupo Vagalumes, el cual se configuró como una red de profesionales de la salud mental, con diversas formaciones teóricas pero unidas por un propósito común: la atención psicoterapéutica para afectados y voluntarios de esas inundaciones. En paralelo al trabajo de intervención, dedicaron tiempo a estudiar teoría sobre trauma y catástrofes, reconociendo que la urgencia requería también fundamentación conceptual. En ese recorrido, dos años después y en su interés por la profundización de su conocimiento en el área, han coincidido con profesionales de distintas disciplinas en la instancia formativa de la Diplomatura Universitaria Internacional en Intervenciones en Desastres, Traumas y Disrupción (USAL, 2026), y junto a quienes proponen la relectura de su experiencia.
Testimonio de Cristina Dariano Kern, creadora del grupo Vagalumes, 2024
Cuando las inundaciones de mayo de 2024 cubrieron Rio Grande do Sul sentí que algo también se quebraba dentro de mí. Ver mi tierra natal bajo el agua produjo una sensación de irrealidad, una mezcla de dolor, impotencia y despersonalización. Aunque estaba lejos físicamente, sabía que no podía permanecer inmóvil frente a la catástrofe.
Recordé otras experiencias traumáticas colectivas, como la tragedia de la discoteca “Kiss” y la pandemia COVID-19, momentos en los que la escucha psicológica y el trabajo grupal habían sido fundamentales. Entonces decidí convocar, a través de mi espacio profesional en Instagram, a colegas que quisieran formar una red de atención psicoterapéutica para afectados y voluntarios de las inundaciones. Así nació el “Grupo Vagalumes”: “Luciérnagas” en español, el cual fue inspirado en la idea de Yolanda Gampel [2] y Georges Didi-Huberman [3] de que, incluso en medio del horror, las pequeñas luces de resistencia humana siguen existiendo.
Comenzamos reuniéndonos semanalmente de forma online, mujeres de distintas regiones de Brasil unidas no solo por el deseo de ayudar, sino también por la necesidad de sostenernos mutuamente frente a una experiencia que parecía desbordar toda capacidad de comprensión. Nos preguntábamos cómo escuchar un sufrimiento tan extremo y qué herramientas clínicas podían servir ante una catástrofe de esta magnitud.
Decidimos ofrecer diez sesiones gratuitas de psicoterapia psicoanalítica online para personas afectadas y voluntarios. Mientras llegaban los pacientes, estudiábamos teoría sobre trauma, catástrofe y psicoterapia focal. Pero pronto comprendimos que ninguna teoría alcanzaba por sí sola. Escuchamos historias de pérdidas devastadoras: hogares destruidos, recuerdos desaparecidos, vidas interrumpidas, personas viviendo en refugios improvisados y sintiéndose profundamente desamparadas.
Muchas veces los pacientes comenzaban diciendo que no querían hablar de la inundación. Necesitaban, antes que nada, reencontrarse consigo mismos. Nuestro trabajo consistió entonces en crear un espacio de refugio y escucha donde lo traumático pudiera comenzar lentamente a transformarse en palabras, pensamiento y experiencia compartida.
Con el tiempo entendimos que no buscábamos grandes soluciones, sino pequeños movimientos de vida. En medio del barro y de la destrucción, aparecían gestos de esperanza: alguien que volvía a proyectarse hacia el futuro, alguien que podía llorar, alguien que lograba sentirse nuevamente escuchado y comprendido.
Paradojas, Preguntas y Competencias: intervención, análisis y elaboración luego de la catástrofe
Si analizamos el evento fáctico y el testimonio posterior desde una lectura matricial como la que propone Benyakar, podremos identificar las tensiones propias que pueden pensarse como Paradojas, reconocer qué Preguntas se abren en la intervención, y situar qué Actitudes o modos de intervención se evidencian al identificar las Competencias.
Las siguientes páginas, constituyen un intento de articulación de las “10 Paradojas de la intervención psicosocial en catástrofes”, las “10 Ws de Benyakar para la intervención en desastres”, las Competencias, junto a los aportes derivados de la experiencia del grupo Vagalumes. Nuestro abordaje parte del supuesto de que las Paradojas no constituyen problemas que deban resolverse, sino tensiones permanentes que requieren ser pensadas desde una lógica compleja y no lineal.
1° Paradoja: La característica disruptiva del evento es proporcional a su magnitud, pero la condición traumatogénica no es atribuible al evento en sí
Las inundaciones en Rio Grande do Sul constituyeron un evento disruptivo de enorme magnitud que causó un impacto colectivo sin precedentes. Sin embargo, tal como plantea el Dr. Moty Benyakar, y en coincidencia con la experiencia del grupo Vagalumes en su intervención, el carácter traumatogénico de los afectados no se debió únicamente al hecho ocurrido, sino al modo singular en que cada sujeto procesó y simbolizó la experiencia.
Las personas afectadas desarrollaron síntomas distintos frente a experiencias similares; algunas cursaron cuadros de ansiedad, pesadillas, insomnio, temor constante a la lluvia, sensación de desamparo y/o reactivación de traumas previos incluso mucho tiempo después de la inundación, mientras que otras, lograron reconstruirse parcialmente mediante redes vinculares y espacios terapéuticos. La desorganización y sus efectos no dependieron solo del evento en sí mismo, sino de la interacción entre los sujetos y lo vivido.
La catástrofe demandaba respuestas rápidas, pero el procesamiento psíquico requiere de tiempos que no coinciden con la urgencia. El equipo del grupo Vagalumes debió sostener simultáneamente la acción rápida y la pausa reflexiva.
Articulación con las preguntas reflexivas (se refiere a las 10 Ws antes mencionadas)
- What: se trabajó sobre los efectos subjetivos y no únicamente sobre el evento.
- Whom: cada sujeto vive la catástrofe de manera singular.
- Wholeness: es necesario observar qué aspectos invisibles o previos están siendo reactivados.
2° Paradoja: Quien asiste también está afectado
Una de las principales tensiones que se evidencia en esta experiencia, es que quienes brindan ayuda igualmente tienen la exigencia de sostener y revisar su propio grado de implicación, pues también forman parte del escenario afectado.
En el caso de Rio Grande do Sul, muchos profesionales, voluntarios y psicoterapeutas también lidiaban con pérdidas, miedo, incertidumbre y angustia frente a la catástrofe. La experiencia del grupo Vagalumes da cuenta de cómo las terapeutas, a pesar de que algunas se encontraban geográficamente distantes al lugar del acontecimiento, fueron emocionalmente atravesadas por la tragedia mientras intentaban sostener la escucha de otros. Reconocían sentimientos de impotencia, miedo y despersonalización frente a la magnitud del desastre, evidenciando que no existe una posición completamente externa o neutral en contextos de catástrofe. Quizá unos de los aportes más valiosos de esta experiencia grupal, es que la estrategia de cuido para quienes asistían, se activó casi a la par de la estrategia para asistir.
Cuando la asistencia se brinda a distancia como en este caso, la falta de exposición directa a las condiciones del desastre puede afectar la capacidad de quienes hacen soporte para evaluar el grado de ruptura que la tragedia ha producido en la cotidianeidad de los afectados. Sin embargo, los encuentros entre colegas ayudaron a ajustar esta distancia para realizar la lectura de cada caso atendido.
La respuesta de los profesionales voluntarios a la atención brindada por Vagalumes, demostró que a través del trabajo grupal, las reuniones semanales, la supervisión y el sostén entre colegas, fue posible construir una red de contención efectiva. El grupo Vagalumes, tuvo en cuenta también la importancia del relato y lo incorporó para la elaboración posterior de quienes asistieron a los damnificados.
Articulación con las preguntas reflexivas
- Who: quienes asisten también necesitan ser cuidados.
- Why: la asistencia surge tanto del compromiso ético, como de la identificación con el sufrimiento del otro.
- Whose: la responsabilidad del cuidado también alcanza a los equipos de intervención. Al realizar la relectura del caso de las inundaciones de Río Grande do Sul, los compañeros con experiencia en asistencia en campo, resaltaron la importancia de conocer el protocolo que garantiza el cuido de quienes asisten en situaciones como estas: descompresión obligatoria 30 minutos al final de cada jornada, no para planificar sino para expresar cómo estamos. Cada miembro tiene un compañero de chequeo que envía un mensaje diario preguntando si está bien, más o menos, o mal. Si alguien está mal, debe salir temporalmente de la intervención y debe haber supervisión externa semanal de alguien que no forme parte de la intervención. Esto evita normalizar el hecho de que “todos estamos mal” y seguir funcionando igual. El grupo Vagalumes activó esta respuesta desde el principio, aun estando fuera del campo físico de la tragedia.
3° Paradoja: Prepararse para lo imprevisible
Las inundaciones de Río Grande do Sul del año 2024, evidenciaron la insuficiencia de políticas públicas preventivas y la falta de preparación estatal frente a eventos climáticos extremos. Aunque existían antecedentes de inundaciones previas, la magnitud del fenómeno superó las capacidades institucionales de respuesta. El propio material periodístico de esa fecha, muestra las críticas hacia la falta de mantenimiento de estructuras de contención y la inoperancia inicial del Estado.
Vemos con claridad, el trípode –ampliamente trabajado por Benyakar– que vincula íntimamente las fuerzas de la naturaleza, la economía y la cultura. En este punto, y a la luz del caso que nos convoca, hacen eco los interrogantes ya planteados por el Dr. Michel Fariña “¿Por qué el Estado, los individuos o las empresas asumen conductas cuyos costos humanos y ecológicos resultan enormemente superiores a la inversión que hubiera significado tratar el siniestro de acuerdo a los elementales criterios en materia de salud pública?” (Michel Fariña, 2006).
La paradoja en este punto, radica en que aunque resulta necesario prepararse para aquello que no puede preverse completamente, no siempre es posible. El grupo Vagalumes constituye un ejemplo de respuesta organizada frente a lo imprevisible: en pocos días lograron conformar equipos, organizar espacios terapéuticos online y sostener dispositivos de escucha. Su experiencia, demostró que es posible diseñar modalidades de acompañamiento orientadas por el principio precautorio, manteniendo la flexibilidad necesaria para responder a situaciones cambiantes, tal como lo plantea Benyakar.
En este caso, la atención online permitió advertir que la imprevisibilidad, lejos de ser un obstáculo exclusivamente, exige construir respuestas a medida que emergen nuevas necesidades. Desde esta perspectiva, la preparación de los equipos no consiste en anticipar todos los escenarios posibles, sino en desarrollar capacidades para intervenir en condiciones de incertidumbre, revisar continuamente las estrategias de acción y sostener procesos de acompañamiento frente a situaciones que no pueden preverse de antemano.
Articulación con las preguntas reflexivas
- Warding off: ¿ante qué debe prepararse la comunidad?
- Ways: ¿con qué herramientas se puede responder?
- When: las intervenciones deben comenzar desde las primeras etapas del desastre.
4° Paradoja: Asistir a personas normales ante situaciones anormales
Las reacciones emocionales posteriores a una catástrofe no necesariamente constituyen patologías. Miedo, angustia, llanto, ansiedad, alteraciones del sueño, hipervigilancia o tristeza profunda son respuestas esperables frente a experiencias extremas.
Esta paradoja cuestiona la tendencia a medicalizar rápidamente el sufrimiento. Las personas afectadas por las inundaciones son sujetos atravesando una situación anormal y disruptiva, no individuos “anormales”. La intervención psicosocial busca legitimar el dolor sin reducirlo únicamente a diagnósticos psiquiátricos.
Articulación con las preguntas reflexivas
- What: se trabaja sobre el sufrimiento humano y no solo sobre síntomas clínicos para no correr el riesgo de medicar duelos o diagnosticar de más. Cuidar la relación de los síntomas y la elaboración del evento de los afectados. Este principio se respetó en la atención brindada por el grupo Vagalumes a través de la asistencia a distancia. En la relectura de este caso, fue propuesto por quienes asisten en campo, considerar como un elemento fundamental cuidar también la articulación en el lenguaje. Cambiar la posición desde la que se nombra puede ser determinante. En lugar de paciente, usar persona afectada, vecina, familia. La primera pregunta no es ¿Tienes insomnio? La primera pregunta propuesta es ¿Con quién estás hablando de esto? o ¿Qué necesitas esta semana para poder dormir un poco? Tal y como el grupo Vagalumes lo aplicó. Generar espacios de normalización donde se puedan nombrar en voz alta los miedos. Quitar la vergüenza.
- Whom: la asistencia contempla singularidades y contextos y se debe derivar solo si hay riesgo o deterioro funcional.
- Wholeness: se debe evitar reducir la complejidad de la experiencia a categorías diagnósticas. Realizar triaje psicosocial, no psiquiatrizar.
5° Paradoja: La necesidad social de crear víctimas y el impacto de este proceso en el sujeto
Toda catástrofe produce narrativas sociales sobre quiénes son las víctimas, quiénes merecen ayuda y cómo deben ser representadas. Los medios de comunicación durante y después de la tragedia de Rio Grande do Sul, mostraron imágenes de destrucción, personas llorando, familias desplazadas y pérdidas extremas. Si bien esto permite visibilizar el sufrimiento, también puede fijar a los sujetos en una identidad exclusivamente victimizada.
La paradoja aparece cuando el reconocimiento social resulta necesario para acceder a la ayuda y legitimación, pero al mismo tiempo puede cristalizar identidades de dependencia y desamparo.
El grupo Vagalumes señala que muchas personas necesitaban reencontrarse a sí mismas más allá de la inundación y que el desafío es justamente acompañar el sufrimiento sin reducir al sujeto únicamente a la condición de víctima. Frente a una catástrofe, hay una doble responsabilidad; la social, que le corresponde a las instituciones, empresas o al propio Estado, de quienes se espera una respuesta en tiempo y forma, y por otro, la responsabilidad subjetiva, que se refiere a lo singular de los sujetos involucrados. Benyakar habiendo intervenido en distintas situaciones de crisis, advirtió tempranamente la posición de “víctima” en la que muchas veces quedan anclados los sobrevivientes de las catástrofes (Michel Fariña, 2006). Su investigación sobre el tema lo llevó a conceptualizar el alcance de la función social de esa posición. La utilización de la palabra “damnificado” o “afectado” en lugar de “víctima” no es un mero ajuste terminológico, sino que supone una posición ética que tiene como principal propósito evitar cosificar al sujeto y perpetuarlo en el lugar del desvalimiento psíquico.
El grupo Vagalumes asumió la responsabilidad en ambos niveles, en el institucional, al articular su dispositivo como respuesta a la necesidad inmediata y en el subjetivo, atendiendo los procesos singulares de elaboración propia de cada sujeto, incluyendo a los voluntarios, rescatistas y profesionales que asistieron en la tragedia.
Articulación con las preguntas reflexivas
- Whom: ¿a quiénes se asiste y desde qué mirada? Encuadre y responsabilidad.
- Why: la ayuda no debe reforzar únicamente la victimización.
- Wholeness: es necesario observar qué subjetividades quedan invisibilizadas.
- Whose: ¿Quién responde frente a una catástrofe?
6° Paradoja: Más allá del Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT)
Si bien muchas personas desarrollaron síntomas compatibles con el TEPT, reducir toda la experiencia subjetiva a este diagnóstico sería simplificar la complejidad del fenómeno. Los datos relevados por el grupo Vagalumes, muestran que muchas personas experimentaron, pérdida de proyectos de vida, ruptura de redes comunitarias, sensación de desarraigo, desesperanza, temor permanente, retraumatización de experiencias previas, pérdida de identidad y pertenencia. La lluvia se convirtió incluso en un “síntoma traumático” para muchas de ellas, pero el abordaje psicosocial plantea que el trauma no puede entenderse únicamente desde categorías clínicas individuales, sino también desde dimensiones sociales, culturales y vinculares.
Este es uno de los hallazgos que registró el grupo Vagalumes en su experiencia: “Nuestro trabajo consistió entonces en crear un espacio de refugio y escucha donde lo traumático pudiera comenzar lentamente a transformarse en palabras, pensamiento y experiencia compartida. Con el tiempo entendimos que no buscábamos grandes soluciones, sino pequeños movimientos de vida. En medio del barro y de la destrucción, aparecían gestos de esperanza: alguien que volvía a proyectarse hacia el futuro, alguien que podía llorar, alguien que lograba sentirse nuevamente escuchado y comprendido”
Articulación con las preguntas reflexivas
- What: el trabajo excede el diagnóstico clínico.
- Ways: se requieren abordajes interdisciplinarios.
- Wholeness: deben contemplarse dimensiones sociales, ambientales y comunitarias.
7° Paradoja: Más afectados que recursos
Las catástrofes producen un desequilibrio entre las necesidades existentes y la capacidad real de respuesta. Las inundaciones afectaron a millones de personas mientras los sistemas sanitarios y psicosociales ya presentaban limitaciones previas.
La investigación evidenció altos niveles de ansiedad, depresión y síntomas postraumáticos en una población con escaso acceso a atención psicológica, aunque surgieron iniciativas voluntarias y comunitarias que intentaron cubrir parte de las necesidades, la paradoja persiste: nunca existen recursos suficientes frente a la magnitud del sufrimiento colectivo. La intervención debe entonces priorizar, organizar, articular redes y trabajar desde estrategias comunitarias.
Articulación con las preguntas reflexivas
- Ways: ¿con qué recursos se interviene?
- Whose: ¿de quién es la responsabilidad de la asistencia?
- Where: los dispositivos deben acercarse a los territorios afectados.
8° Paradoja: Entre solidaridad y rivalidad
Las catástrofes despiertan intensos movimientos solidarios, pero también tensiones, conflictos y desigualdades. En Rio Grande do Sul se observaron enormes redes de ayuda comunitaria, rescates voluntarios y espacios colectivos de sostén emocional. Sin embargo, también aparecieron disputas por recursos, desigualdades en el acceso a la asistencia, sensación de abandono estatal y tensiones sociales.
Existieron además situaciones de abuso en refugios temporales y procesos de fragmentación comunitaria. La solidaridad y la rivalidad convivían simultáneamente dentro de la misma catástrofe. La distancia física del grupo Vagalumes les protegió un poco de estas tensiones, sin embargo, el material periodístico consultado da cuenta de que aún un año después de la tragedia, estas rivalidades y pugnas por el acceso a los recursos persistían.
9° Paradoja: Entre voluntarismo y profesionalismo
Las situaciones de emergencia movilizan un fuerte deseo social de ayudar. Durante las inundaciones en Rio Grande do Sul miles de personas participaron espontáneamente en rescates, distribución de donaciones, organización de refugios y acompañamiento comunitario, pero también evidenció que la intervención requiere además preparación técnica, ética profesional y dispositivos de supervisión.
Era necesario comprender rápidamente la importancia de construir un encuadre profesional frente a la necesidad humana y solidaria de ayudar. Por ello se organizaron reuniones semanales, espacios de intervención, estudio teórico y supervisión clínica. Las profesionales del grupo Vagalumes reconocen que la buena voluntad no alcanza cuando se trabaja con sufrimiento psíquico, trauma y situaciones de extrema vulnerabilidad.
La paradoja aparece porque en contextos de catástrofe, el voluntarismo es indispensable para movilizar respuestas rápidas y redes solidarias, pero al mismo tiempo puede resultar insuficiente o incluso riesgoso si no está acompañado de herramientas técnicas. La intervención psicosocial exige sensibilidad humana, pero también formación específica para evitar revictimizaciones, desorganización o intervenciones inadecuadas. En términos concretos, la gente quiere ayudar de inmediato, pero sin un encuadre adecuado puede terminar empeorando las cosas y por ello un abordaje más responsable involucra acciones específicas, como capacitación breve para las personas voluntarias. Las personas voluntarias tienen labores logísticas y hacen compañía, la intervención psicosocial debe ser realizada por personas con formación y supervisión.
En situaciones como las inundaciones resulta vital que haya puntos de derivación visibles, o una persona referente a la cual los voluntarios puedan derivar situaciones que requieran mayor atención. Realizar reuniones periódicas entre el voluntariado y el equipo técnico es importante para ajustar expectativas y así evitar la lógica de que cada quien hace lo que quiere en situaciones de emergencias. Esta paradoja, puede definir si el equipo logra sostenerse o se desgasta rápidamente.
Articulación con las preguntas reflexivas
- Who: ¿quiénes están preparados para asistir?
- Ways: ¿con qué herramientas técnicas se sostiene la intervención?
- Whose: las instituciones deben garantizar formación, supervisión y coordinación.
10° Paradoja: Apariencia del efecto y su verdadera consecuencia
Las consecuencias más profundas de una catástrofe muchas veces no son visibles de manera inmediata. Cuando el agua baja y las imágenes dejan de ocupar los medios de comunicación, permanecen las marcas subjetivas, sociales y comunitarias. Las investigaciones realizadas luego de las inundaciones mostraron persistencia de ansiedad, depresión, insomnio, miedo constante a nuevas lluvias, dificultades económicas y procesos de desarraigo incluso a más de un año después del evento.
La verdadera consecuencia de la catástrofe no se limita al daño material evidente. El material trabajado muestra que incluso quienes aparentemente habían “reconstruido” sus hogares seguían atravesados por angustias persistentes y dificultades emocionales. Siguen allí Las huellas de lo innombrable.
Lo paradójico de este punto consiste en que la sociedad suele focalizarse en los efectos visibles e inmediatos, mientras que las consecuencias subjetivas y comunitarias permanecen silenciosas y prolongadas en el tiempo. La intervención psicosocial no puede ni debe limitarse únicamente a la emergencia inicial, sino que requiere continuidad, acompañamiento y reconstrucción vincular a largo plazo. El grupo Vagalumes, continúa en esa labor.
Articulación con las preguntas reflexivas
- When: las intervenciones deben sostenerse más allá de la emergencia.
- What: las consecuencias subjetivas pueden aparecer tardíamente.
- Wholeness: es necesario observar aquello que permanezca invisible.
La identificación y comprensión de estas Paradojas forman parte de los lineamientos propuestos por Benyakar para la comprensión e intervención en contextos disruptivos desde una perspectiva transdisciplinaria. En la elaboración de esta relectura de la experiencia del Grupo Vagalumes durante las inundaciones en Rio Grande do Sul de 2024, también hemos identificado las competencias asociadas a dicho enfoque. Las 10 Competencias (Cs), que forman parte del modelo de lo disruptivo de Benyakar (2003), constituyen un conjunto de disposiciones y actitudes vinculadas a los procesos de formación y entrenamiento de quienes participan o se disponen a hacerlo en tareas de asistencia e intervención psicosocial. La experiencia del grupo Vagalumes, no solo aporta evidencia acerca de la relevancia de estas competencias y de su vinculación con un posicionamiento teórico y práctico específico, sino que también pone de manifiesto su postura ética frente al sufrimiento humano y a la singularidad con la que cada sujeto procesa y metaboliza situaciones de carácter traumático y disruptivo.
1. Compromiso: El grupo Vagalumes se involucró en la tarea de asistir teniendo claro el encuadre pre y post contacto, de hecho aún continúan haciendo seguimiento no solo de la experiencia del grupo, sino también de muchos de los casos que atendieron. Frente al sufrimiento provocado por las inundaciones, las participantes asumieron una responsabilidad ética sostenida por el reconocimiento de que los efectos traumáticos continuarían mucho más allá de la retirada de las aguas. El acompañamiento a los damnificados, la convocatoria inicial, la delimitación y claridad del esquema de asistencia, (diez sesiones), la regulación responsable del equipo, constituyen evidencias de este compromiso.
2. Contención: La contención constituyó una de las funciones centrales del grupo Vagalumes. Antes incluso de acoger a los pacientes, el grupo se transformó en un espacio de sostén para las propias terapeutas, quienes compartían sentimientos de tristeza, impotencia y despersonalización frente a la magnitud de la catástrofe.
Las reuniones semanales del equipo, los espacios de descompresión y la supervisión permitieron asistir sin ser desbordadas. Este encuadre grupal demostró ser un recurso clínico fundamental, posibilitando la metabolización colectiva de las experiencias traumáticas y constituyéndose como un verdadero refugio frente al exceso de realidad. Podemos calificar este encuadre como un aporte que demostró efectividad en el caso del de la inundaciones de Río grande do Sul.
3. Continuidad: Las reuniones semanales, la permanencia del dispositivo clínico y el seguimiento de algunos pacientes expresan esta dimensión. Más de dos años después de las inundaciones, el grupo Vagalumes continúa activo, ampliando su campo de actuación y profundizando su formación en las áreas de trauma y disrupción, constituyéndose en una experiencia de continuidad reparadora frente a las rupturas impuestas por la catástrofe.
4. Constancia: La conformación como grupo terapéutico de asistencia se mantiene en el tiempo, y ha permitido continuar con la presencia estable y la disponibilidad que respeta y acompaña los tiempos de elaboración de los damnificados. La disponibilidad sostenida de las terapeutas y la permanencia del proyecto ofrecieron previsibilidad y estabilidad en un contexto profundamente marcado por la incertidumbre, las pérdidas y el desamparo. En un escenario atravesado por pérdidas, desplazamientos y discontinuidades, la permanencia del grupo ha permitido ofrecer un espacio estable de escucha, reflexión y cuidado, favoreciendo la restauración gradual de la confianza y la construcción de nuevos sentidos para la experiencia vivida.
5. Coparticipación: El equipo logró desarrollar la capacidad co-metabolizadora para la restitución del procesamiento psíquico. La inclusión del relato sin imposición de sentido, la validación de las formas singulares de respuesta, constituyen expresiones de esta modalidad. Se trató de intervenir a los afectados y construir junto a ellos caminos posibles de simbolización y reconstrucción subjetiva.
6. Coherencia: El equipo mantiene una dirección asistencial y ética clara, asegurando que toda acción sea coherente con la modalidad de intervención. Se mantiene el estudio teórico paralelo, la revisión de prácticas, la delimitación clara entre intervención técnica y voluntarismo. El reconocimiento de la complejidad de la experiencia traumática estuvo acompañado de la construcción de dispositivos clínicos consistentes, fundamentados teórica y técnicamente.
7. Contigüidad: La contigüidad estuvo presente en la capacidad de permanecer próximas al sufrimiento sin confundirse con él. Muchas terapeutas compartían con los pacientes el mismo escenario histórico, afectivo y simbólico, encontrándose inmersas, de distintas maneras, en las mismas aguas de la catástrofe. El equipo intervino en el nivel psicosocial. La formación en el modelo de lo disruptivo por parte de sus integrantes, continúa siendo un trabajo en desarrollo, pero su formación profesional diversa, que incluye experiencias en clínica privada, salud pública, intervención comunitaria, trabajo institucional, docencia e investigación— permitió distinguir entre reacciones esperables frente al trauma y situaciones de riesgo genuino, evitando tanto la patologización prematura como el abandono del acompañamiento. Esta proximidad diferenciada permitió tener la capacidad de distinguir entre síntomas esperables y riesgo genuino, entre patologización prematura y abandono del acompañamiento.
8. Correlato: El grupo Vagalumes logra integrar y producir un relato transicional compartido (Benyakar 2016). Articula el relato de lo fáctico con la elaboración posterior. Los encuentros clínicos, las reuniones grupales, los espacios de escritura y reflexión permitieron que lo fragmentado, irrepresentable o silenciado encontrará formas narrativas posibles. La construcción de relatos junto a los damnificados y voluntarios, favoreció el pasaje desde el exceso de realidad hacia procesos graduales de simbolización, posibilitando la integración de experiencias previamente disociadas o congeladas.
9. Concepción: El equipo sostiene una convicción teórica clara y flexible lejos de certezas absolutas. Las contribuciones de: Benyakar, Michel Fariña, Ferenczi, Winnicott, Bollas, Agamben, Braier, Gampel, Cyrulnik, Tesone, Viveiros de Castro y otros autores contemporáneos constituyen referencias fundamentales para pensar la experiencia traumática. Sin embargo, la apertura a revisar prácticas, el reconocimiento de que "ninguna teoría alcanza por sí sola", la disponibilidad de ajustar según lo que emerge, su participación en el diplomado que nos convoca, expresan esta modalidad.
10. Capacidad crítica: La capacidad crítica atravesó toda la experiencia del grupo Vagalumes. Desde el comienzo, el equipo interrogó sus propias herramientas clínicas, cuestionó la suficiencia de los modelos disponibles y reconoció la necesidad de construir nuevas formas de comprensión e intervención frente a la experiencia catastrófica.
El grupo reflexiona constantemente sobre su propio rol, sobre el impacto institucional de sus acciones y sobre los efectos de sus intervenciones. La disposición para revisar decisiones clínicas, estudiar nuevos autores, discutir colectivamente los casos y reconocer aquello que aún no se sabe constituye una postura ética fundamental. Lejos de buscar respuestas definitivas, el grupo Vagalumes sostiene la capacidad de seguir pensando frente a la incertidumbre, tolerando el no saber y preservando la creatividad necesaria para acompañar experiencias humanas extremas. Esta actitud crítica permite mantener viva la práctica clínica y continuar construyendo conocimiento allí donde el trauma tiende a interrumpir el pensamiento.
Consideraciones finales
La relectura de este caso a la luz del contenido transitado, muestra que aunque es posible que la intervención psicosocial se construya en la propia situación, y se ajuste a las condiciones y necesidades que van emergiendo, la preparación es necesaria.
La experiencia del grupo Vagalumes da cuenta de que es posible desarrollar dispositivos de asistencia rigurosos aun en contextos de incertidumbre, partiendo del compromiso ético, profesional y una alta sensibilidad humana. El equipo visibilizó su propia vulnerabilidad, reconociendo la necesidad de apoyo, lo que constituye una forma de honestidad intelectual que habilita a damnificados, técnicos y voluntarios a reconocer también sus propias dificultades y desafíos. Asimismo, la valoración de la intervención no se centró en la resolución de un problema, sino en pequeños cambios significativos que permitieran la elaboración del evento traumático.
Este caso también evidencia que los efectos de una catástrofe persisten más allá de la emergencia, por lo que resulta necesario sostener espacios de acompañamiento en el tiempo. En este contexto, el trabajo colectivo entre quienes intervienen se vuelve fundamental, ya que permite elaborar experiencias que exceden lo individual y ayuda a la intervención como un proceso transdisciplinario.
Referencias
Benyakar, M. y Michel Fariña, J. J. (comp.) (2014). Lo disruptivo en el cine. Ensayos ético-psicoanalíticos. Buenos Aires. Letra Viva.
Benyakar, M., Torres, J. C., Rapela, Francisco J. (2026). Lineamientos para la intervención psicosocial en contextos disruptivos. Material interno “Diplomatura Universitaria Internacional en Intervenciones en Desastres, Trauma y Disrupción” (USAL). Centro Internacional transdisciplinario en lo Disruptivo (CITED).
Kern, C. D. , et al. (2025). Vagalumes (Luciérnagas): un pequeño punto de luz en la oscuridad (narrativa en construcción). Comunicación oral en reunión de miembros de Gradiva Associació d´Estudis Psicoanalítics, 13/10/25. Barcelona, España.
Michel Fariña, J. J. (2006). Prólogo a la segunda edición. Geopolítica de lo disruptivo y (po)ética de la reconstrucción. En M. Benyakar, Lo disruptivo. Amenazas individuales y colectivas: el psiquismo ante guerras, terrorismos y catástrofes sociales (pp. 11-22). Buenos Aires: Editorial Biblios.