ISSN 1553-5053Sitio actualizado en   septiembre de 2026 Visitas:

Volumen 22 | Número 2
Septiembre 2026 - Marzo 2026
Publicación:


Resumen

El presente trabajo investiga la gestión de crisis institucional y la implementación de herramientas de Investigación-Acción Participativa en respuesta a las inundaciones de Zárate-Campana y Bahía Blanca, Argentina. Se enfatiza la necesidad de transformar las instituciones educativas en espacios de aprendizaje resiliente, mediante el diseño de propuestas pedagógicas basadas en proyectos que integren la experiencia comunitaria durante desastres. A través del análisis de casos, se propone un enfoque que no solo aborda las dinámicas de riesgo, sino que también potencia el empoderamiento de las comunidades afectadas.

El análisis se fundamenta en el modelo disruptivo de Moty Benyakar, que resalta la importancia de la comunicación y la participación comunitaria en la gestión de crisis. Este modelo proporciona un marco para entender la interacción entre los actores sociales y cómo la educación puede ser un vehículo para la resiliencia.

Se consideran los lineamientos del Centro Internacional Transdisciplinario en lo Disruptivo (CITED), que enfocan el desarrollo de competencias educativas adaptadas a contextos de crisis, promoviendo una formación integral. Se concluye que una propuesta diseñada en base a estas experiencias puede facilitar la preparación y respuesta ante futuros eventos críticos, promoviendo una cultura de resiliencia y adaptación en los entornos educativos.

Palabras claves: inundaciones | desastres climáticos | modelo de lo disruptivo | Moty Benyakar | Investigación para la acción | análisis de gestión | crisis institucional | proyectos | comunidad educativa | resiliencia | función co-metabolizadora | CITED

Abstract English version

“Inundación y resiliencia”: desde el análisis de gestión de crisis institucional y riesgo al diseño de una propuesta de aprendizaje basado en proyectos. El caso de las inundaciones de Zárate- Campana y Bahía Blanca, República Argentina

Berriel, Pereira Sabrina Gisele, Bombero voluntario de Pilar
Carlini, Sabrina, Università di Padova, Universidad de Tres de Febrero
Eyharchet, Mariana Virginia, Universidad de Buenos Aires
Longo, María Magdalena, Cáritas Manzanares (Pilar)
Rodríguez, Juliana Elizabeth, Bombero voluntario de Pilar
Rosón, Lilia, Directora/Referente de Cáritas Santiago Apóstol de la ciudad de Baradero
Tresenza, Alejandro Jorge, Universidad del Salvador, Universidad Católica Argentina

Introducción

En los últimos años los acontecimientos climáticos que adquieren una dimensión catastrófica se han multiplicado a nivel mundial así como en la región. Es legítimo considerar que estos episodios sean consecuencias del cambio climático global.

“El aumento de las temperaturas ha coincidido con un incremento de los desastres naturales. En términos globales, las catástrofes meteorológicas, como las temperaturas extremas y las tormentas, se han quintuplicado desde los años setenta. De la misma manera, los eventos hidrológicos, por ejemplo, inundaciones y deslizamientos de tierra, y los desastres climatológicos, como los incendios forestales y las sequías, se han sextuplicado. América Latina y el Caribe son un reflejo de las tendencias mundiales”. (Allen Blackman, Eduardo Cavallo, Bridget Hoffmann, Adrien Vogt-Schilb, pág. 202.)

Son hechos desmesurados que afectan comunidades enteras movilizadas para hacer frente a eventos del orden de lo imprevisto. [1] Cualquiera que sea el motivo de estos acontecimientos, queda claro que la respuesta de las comunidades afectadas trasciende la movilización en lo inmediato. Se requieren acciones concretas y operativas necesarias para marginar los efectos de la catástrofe; los sujetos presentes en el territorio se ven obligados a gestionar lo sucedido, no solamente desde lo operativo, sino de lo simbólico.

El objeto de análisis de este trabajo [2] son las inundaciones ocurridas en la Argentina, en Bahía Blanca y en Zárate-Campana (Provincia de Buenos Aires) durante el año 2025. Para una lectura psico-social de los hechos desencadenados por las inundaciones, adoptamos como marco conceptual el modelo desarrollado por Moty Benyakar a quien somos deudores de conceptos claves como lo de eventos fácticos y disruptivos, entre otros. Nos interrogamos acerca de posibles acciones comunitarias, que con su función co-metabolizadora puedan originar el carácter caótico y disruptivo de hechos que modificaron drásticamente lo cotidiano de la población local.

A partir de los resultados de esta investigación y la lectura de un diagnóstico realizado en ambos territorios, diseñamos una propuesta didáctica destinada a la comunidad educativa de Bahía Blanca. Consideramos que este proceso que abarca directivos, docentes, estudiantes y familias, representa la oportunidad de reelaborar las consecuencias psicológicas del evento disruptivo por parte de los sujetos damnificados.

El hallazgo de una leyenda de la cultura popular local nos dio el pie para plasmar una reflexión y la resignificación por parte de los sujetos involucrados en el desastre. Elegimos el trabajo en el aula para responder al desafío de emprender un proceso de readaptación, de establecimiento de un nuevo orden donde la dimensión simbólica adquiere un significado central para la reelaboración de los hechos y para la adquisición de nuevos instrumentos necesarios para enfrentar eventuales episodios de catástrofes naturales.

Nuestra propuesta se estructura principalmente en tres ejes de trabajo:

  1. un análisis descriptivo y cuantitativo con una perspectiva de gestión del riesgo institucional, gobernanza de la emergencia y coordinación interagencial;
  2. un análisis de tipo cualitativo desde la óptica de la investigación cualitativa de tipo participativo (IPA) que se apoya en una de sus herramientas, la entrevista semi-estructurada;
  3. la intervención educativa de aprendizaje basado en proyectos (ABP) [3] llamada “Eco-Narrativas de la Resiliencia” que pretende restituir el sentido didáctico a través del valor reparador del lenguaje simbólico y de la memoria colectiva.

1. Conocer para actuar: análisis comparativo de gestión de crisis institucional y riesgo y síntesis analítica en clave CITED

Para adentrarnos en la realidad de los hechos ocurridos, articulamos herramientas de investigación del método de la investigación-acción (IPA) y del análisis comparativo de gestión de crisis institucional y riesgo.

Según las palabras de Miguélez Martinez (2006), las herramientas de IPA revelan todo su potencial cuando “el investigador no sólo quiere conocer una determinada realidad o un problema específico de un grupo, sino que desea también resolverlo. (...). El fin principal de estas investigaciones no es algo exógeno a las mismas, sino que está orientado hacia la concientización, desarrollo y emancipación de los grupos estudiados y hacia la solución de sus problemas.”

Era necesario recopilar la información para reconstruir las dinámicas de los hechos, identificar a los actores sociales involucrados y describir lo que Moty Beyakar define como “fáctico”, dejando para una segunda etapa la sistematización de los testimonios de los sujetos afectados por las inundaciones. Incluimos un amplio abanico de fuentes, entre ellas fuentes directas de los actores presentes en los territorios afectados por las inundaciones. Para contar con una multiplicidad de voces, optamos por registrar los testimonios de representantes de los sectores de la sociedad civil presentes en esos días convulsionados y caóticos. La entrevista semi-estructurada diseñada para tal propósito fue suministrada por audio y/o por escrito a diez personas [4], un muestreo proporcional a la posibilidad operativa del grupo de trabajo, seguramente no exhaustivo, pero que consideramos sin embargo valioso. Ante la imposibilidad de efectuar entrevistas de campo presenciales en la totalidad de las jurisdicciones, se procedió a un análisis transdisciplinario de fuentes secundarias de contraste, registros de prensa escrita, coberturas audiovisuales en tiempo real y comunicados institucionales. Complementamos los relatos presentes en el copioso material audiovisual disponible en las redes sociales y en los registros personales de algunas personas entrevistadas.

El objetivo final de esta etapa de investigación fue evaluar la respuesta organizacional de la comunidad educativa frente a los desastres hidrometeorológicos graves ocurridos en la Provincia de Buenos Aires durante el año 2025. El marco analítico se desplaza desde un enfoque clínico-pedagógico tradicional hacia una perspectiva de gestión del riesgo institucional, gobernanza de la emergencia y coordinación interagencial. La síntesis y análisis comparativos de las respuestas recopiladas nos guio en el diseño de la propuesta de intervención pedagógica que pretende restablecer los dispositivos de sostén y simbolización (Benyakar M. 2003, Benyakar, Collazo y De Rosa, 2002) cumpliendo una función co-metabolizadora [5].

1.1 Análisis de gestión de crisis institucional y riesgo en la comunidad educativa

El análisis abarcó dos bloques: la etapa de la alerta y preparación previa y la de la respuesta en la fase aguda que incluye las primeras 12–24 horas.

Se desarrollaron los siguientes ítems:

  • Conocimiento de la alerta y acciones institucionales
  • Dinámica del fenómeno y percepción del riesgo
  • Planes de contingencia vigentes
  • Visibilidad y cobertura de medios
  • Organización de la respuesta y toma de decisiones
  • Puesto de mando unificado y coordinación interagencial
  • Insuficiencia de recursos

No dejamos de lado el aspecto comunicacional. ¿Cuáles fueron las comunicaciones preventivas? ¿Cómo se gestionó la comunicación en términos generales? [6] En el distrito de Bahía Blanca el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) había emitido alertas por tormentas severas a corto plazo mediante el Sistema de Alerta Temprana (SAT) con la debida antelación. En base a este aviso emitido durante la noche previa (6/3/2025), las autoridades educativas locales determinaron la suspensión preventiva total de las clases para la jornada siguiente. Esta acción preventiva sistémica e institucional evitó que el impacto del fenómeno sorprendiera a las comunidades con las escuelas en pleno funcionamiento, impidiendo un escenario de letalidad y desastre de proporciones mucho mayores en la población escolar. El núcleo del fenómeno se desencadenó de forma repentina durante las primeras horas de la madrugada del 7 de marzo, caracterizándose por una violencia inédita que acumuló 290 mm de agua en solo 12 horas (lo equivalente a la lluvia de un año entero en una región semiárida). La percepción social del riesgo se encontraba fuertemente sensibilizada debido al antecedente directo del temporal con vientos huracanados sufrido poco más de un año antes (diciembre de 2023), evento que había dejado fallas de infraestructura estructurales en la región. Ante la magnitud extrema de la nueva precipitación de marzo de 2025, las instituciones debieron procesar las contingencias de inundación edilicia en tiempo real. Nos interrogamos acerca de los planes de contingencia vigentes. Los establecimientos educativos contaban con los planes de evacuación normativos de la provincia, pero estos se encontraban centralizados y focalizados en incendios o contingencias edilicias básicas dentro de la normalidad operativa. Se evidenció la total ausencia de un protocolo unificado, ensayado y de activación automática para el confinamiento o la evacuación rápida ante eventos climáticos extremos de escala disruptiva simultánea a nivel macro-urbano. Las comunicaciones formales y burocráticas se canalizaron vía jefaturas distritales, pero la inmediatez y agresividad del temporal inhabilitó las respuestas administrativas tradicionales. Esto obligó a que la comunicación real hacia las familias fuera mayoritariamente descentralizada, asimétrica e informal (redes de mensajería escolar y grupos de WhatsApp de emergencia), ocurriendo durante los momentos críticos previos al pico de la inundación.

A diferencia del evento de Bahía Blanca, las inundaciones en la región de Zárate y Campana –del 17 y 18 de mayo del mismo año causadas por el desborde de cuencas secundarias, repuntes del Río Paraná de las Palmas y sudestadas recurrentes– presentaron un margen de previsibilidad meteorológica e hidrológica de mayor escala temporal. Sin embargo, las acciones institucionales iniciales para la parálisis formal de actividades se dictaron a nivel regional con carácter reactivo. Las suspensiones de clases se oficializaron recién cuando anegamientos históricos bloquearon las arterias viales clave, los accesos barriales periféricos y las zonas de islas, impidiendo físicamente el transporte escolar y el arribo seguro del personal.

Debido al historial de inundaciones de la región ribereña, los equipos directivos y docentes poseían una mayor conciencia y memoria institucional del riesgo. No obstante, las acciones preventivas operaron de manera aislada por escuela, evidenciando una falta de integración fluida, coordinada y protocolizada con los comités de crisis y planes de emergencia de los respectivos municipios en las fases previas al pico de la crecida. El flujo de comunicación preventiva se gestionó de manera descentralizada y territorial. En las zonas vulnerables, rurales y de islas, las escuelas activaron redes de alerta temprana informal y comunitaria en contacto con Prefectura Naval Argentina y los propios pobladores isleños, logrando anticipar el regreso o la no asistencia de los alumnos antes de que el nivel del agua imposibilitara por completo la navegación y el tránsito terrestre. Nos preguntamos acerca del rol de los medios en dar visibilidad y coberturas de las inundaciones de Bahía Blanca. A diferencia de otras crisis aisladas, el desastre de Bahía Blanca contó con una cobertura nacional masiva e inmediata por parte de los Medios de Comunicación Masiva (MCM). A través de las transmisiones televisivas, radiales y digitales, el país entero tomó dimensión en tiempo real de la magnitud del hecho y de la catástrofe que inundaba la ciudad. Esta visibilidad mediática instantánea permitió y motorizó la rápida gestión y articulación de aportes solidarios y campañas de asistencia a nivel nacional para mitigar los efectos del temporal. Las primeras horas de la fase aguda se caracterizaron por una respuesta de supervivencia debido al impacto concurrente del viento y el agua, que provocó caídas de árboles, anegamientos de calzadas y cortes preventivos masivos de energía y conectividad. El desastre dejó un saldo de 18 fallecidos en la ciudad. Ante el aislamiento y la incomunicación del casco urbano, los directivos escolares en el terreno asumieron el control autónomo de los edificios. Al estar las clases suspendidas previamente, los esfuerzos se concentraron en el resguardo de las instalaciones y del personal o familias que buscaron refugio de emergencia, trabajando inicialmente sin directivas centralizadas debido al daño de las redes. Con la paulatina constitución del Comité de Crisis Municipal (integrado por el Intendente, Defensa Civil, fuerzas de seguridad y ministerios provinciales), la estructura edilicia y organizativa de la educación pública se integró como soporte logístico central. Escuelas seleccionadas y escuelas técnicas fueron reconvertidas de inmediato en puntos operativos de asistencia y Centros de Evacuados formales para recibir a miles de damnificados de los barrios periféricos más golpeados. Los recursos, dada la envergadura de los hechos disruptivos, se revelaron insuficientes. Durante el primer vector crítico de 12 horas, el bloqueo físico de las rutas y calles por la corriente de agua dificultó la distribución fluida de insumos de primera necesidad (agua potable, colchones, asistencia técnica). El soporte inicial en los establecimientos reconvertidos en refugios descansó sobre las reservas propias de las cooperadoras y la movilización solidaria del personal docente y no docente que se acercó a pie a colaborar. La infraestructura formal de conectividad quedó destruida. Para realizar un relevamiento urgente del estado de los edificios y, fundamentalmente, mapear la situación de vulnerabilidad de las familias del alumnado que se iban enterando de los daños por la magnitud del hecho, se recurrió a redes comunitarias informales ("boca en boca"), emisoras de radio locales que transmitían con generadores de emergencia y mensajería celular intermitente.

El caso de Zárate y Campana presenta características distintas. Al tratarse de una inundación de evolución paulatina pero histórica, la respuesta se articuló con mayor velocidad institucional en coordinación directa con Defensa Civil y Bomberos Voluntarios. Las jefaturas distritales y la inspección escolar validaron decisiones de emergencia basadas en los reportes hidrológicos de la costa del río proporcionados por Prefectura, priorizando la preservación de la vida y la evacuación de las escuelas amenazadas. Se logró un puesto de mando unificado y la coordinación interagencial a través de la activación de los Comités de Emergencia (COE) en ambos municipios de manera unificada. El rol del sistema educativo en esta fase aguda fue dual e interdependiente: por un lado, sufrió la disrupción y el daño material directo en escuelas bajas e isleñas (pérdida de material didáctico, afectación de instalaciones por filtraciones) y, por el otro, las escuelas ubicadas en cascos urbanos altos se constituyeron como los nodos logísticos principales para el racionamiento, abrigo y contención de las familias desplazadas de los barrios vulnerables. La insuficiencia de recursos perjudicó el alcance de las intervenciones. La magnitud histórica de la inundación provocó el aislamiento terrestre de Zárate, dejando a la ciudad temporalmente incomunicada en sus vías de acceso principales. Esto causó una severa insuficiencia en el abastecimiento inicial de recursos pesados de asistencia y botes de rescate para llegar a las zonas periféricas y de islas en las primeras 24 horas, obligando a las escuelas receptoras a administrar de forma estricta los recursos de alimentación disponibles hasta el arribo del soporte provincial. Afortunadamente, a pesar de las restricciones físicas y logísticas, el arraigo y los lazos comunitarios consolidados permitieron que las directoras y docentes actuaran como "nodos de información central", manteniendo canales abiertos con referentes barriales para monitorear qué familias requerían evacuación inmediata y quiénes permanecían autoevacuados en zonas altas o techos.

Sobre la base de un análisis comparativo entre los dos casos de estudio, se evidenciaron similitudes y diferencias. Observamos que:

  1. La Escuela funcionó como infraestructura crítica de soporte. En ambas crisis de 2025, ante el desborde inicial de los recursos estatales primarios, el sistema escolar trascendió su función pedagógica fundamental para mutar en el corazón operativo de la respuesta humanitaria y social de los municipios (refugios, centros de acopio y distribución de insumos).
  2. El Liderazgo se basó en la resiliencia docente. Ante la falta de automatización financiera o logística de los protocolos preestablecidos para catástrofes, la primera línea de contención y organización dependió directamente del compromiso ético, humano y de la capacidad de liderazgo de los equipos directivos y docentes, quienes suplieron los vacíos logísticos institucionales.
  3. Emergieron redes informales de comunicación. En la fase más crítica de ambos eventos, los canales oficiales de comunicación de las estructuras ministeriales se vieron superados o desbordados, forzando la utilización de redes vecinales y comunitarias alternas para la toma de decisiones urgentes y el mapeo del estado de la comunidad.

Sintetizamos los puntos de divergencia en la siguiente tabla:

Variable de Gestión Caso Bahía Blanca (7/3/2025) Caso Zárate-Campana (17-18/5/2025)
Previsibilidad y margen de maniobra Baja/Súbita: Fenómeno meteorológico violento, de rápido desarrollo y con nubes de desarrollo vertical profundo. Exigió respuestas operativas inmediatas y de emergencia in situ ante la inundación, aunque la suspensión general de clases previa mitigó el impacto. Media-Alta/Gradual: Fenómeno hídrico histórico pero de evolución progresiva. Permitió una planificación de evacuación y suspensión de clases escalonada.
Cultura Institucional del Riesgo Reactiva: Al no ser el tipo de evento catastrófico más frecuente en la localidad, las escuelas presentaban baja percepción del riesgo de inundación masiva y debieron improvisar dinámicas de adaptación. Adaptativa/Incorporada: Existe memoria institucional instalada sobre el comportamiento del río; los equipos docentes poseen un saber empírico sobre cómo actuar ante el avance del agua.
Naturaleza del Impacto en el Alumnado Trauma por Choque Súbito: El impacto disruptivo estuvo marcado por la violencia e inmediatez del evento (destrucción edilicia generalizada y letalidad en rutas de acceso). Vulnerabilidad por Desgaste: La disrupción es prolongada en el tiempo (pérdida sucesiva de pertenencias, aislamiento geográfico, humedad y días sin presencialidad)
Coordinación Interagencial Inicial Descentralizada en el Terreno/Alta: Los establecimientos operaron de forma aislada las primeras horas ante el mando unificado. No obstante, la inmediata cobertura mediática nacional aceleró el flujo de soporte solidario externo Articulación Previa Estabilizada: Los canales de comunicación entre Prefectura, municipios, Bomberos y escuelas ribereñas están previamente aceitados por la recurrencia del riesgo.

1.2 Síntesis analítica en clave CITED

El análisis transdisciplinario de las crisis hidrometeorológicas de 2025 bajo la matriz teórica del Centro Internacional Transdisciplinario en lo Disruptivo (CITED) del Prof. Dr. Moty Benyakar, permite identificar cómo el impacto ambiental fáctico quiebra la normalidad institucional y tensiona los límites de la respuesta psíquica y comunitaria. En Bahía Blanca, aunque el SMN emitió alertas tempranas eficaces que permitieron a las autoridades dictar la suspensión preventiva total de clases (evitando una catástrofe mayor en el alumnado), el desencadenamiento de la tormenta en la madrugada (290 mm en 12 horas) expuso que la alerta técnica no se traduce automáticamente en una preparación psíquica u organizativa inmediata si el entorno procesa la información bajo parámetros de normalidad previa. Frente a la “Paradoja de lo Imprevisible”, “Personas Normales” se encontraron sometidas a “Situaciones Anormales” (Paradoja 4). Ante el colapso de la conectividad y el aislamiento del casco urbano, los directivos escolares ejercieron un liderazgo autónomo en la protección edilicia. Con la activación del Comité de Crisis, la escuela asumió una función "co-metabolizadora” del impacto social, transformándose de espacio pedagógico a centros de evacuados formales. En este contexto el bloqueo físico de calzadas impidió el flujo logístico inicial. La primera línea de contención humanitaria descansó en los recursos de las cooperadoras y el voluntarismo del personal que se movilizó a pie. Podemos afirmar que este escenario refleja lo que Moty Benyakar define como la séptima paradoja, “Más Afectados que Recursos”. A diferencia del choque súbito de Bahía Blanca, el caso de Zárate - Campana presentó mayor escala temporal de previsibilidad hidrológica. No obstante, la parálisis formal de actividades fue reactiva, oficializándose recién cuando las arterias viales y zonas de islas quedaron bloqueadas. Las escuelas activaron su "memoria del entorno" y redes informales con Prefectura para anticipar el resguardo de alumnos.

Los establecimientos en zonas altas operaron como nodos logísticos de racionamiento y abrigo. En este vector, los docentes y directores funcionaron como soportes comunitarios centrales mientras, simultáneamente, sufrían la inundación en sus propios hogares, evidenciando que "quien asiste también está afectado". Esta realidad describe la “paradoja del Asistente”. Ante el aislamiento terrestre de Zárate y la insuficiencia inicial de botes de rescate, el cuerpo docente debió asumir roles multifuncionales (asistencia social, racionamiento de emergencia), tensionando su rol profesional específico en pos de la supervivencia y la contención psicosocial de la comunidad. Las acciones de voluntarios y profesionales no respondieron siempre a una lógica integrada y coherente. [7] En ambas crisis de 2025, el sistema escolar funcionó como una infraestructura de amparo integral con valor ordenador. Ante la saturación de los canales burocráticos y logísticos oficiales, las redes comunitarias informales escolares operaron como las verdaderas estructuras de sostén, amortiguando la desorganización psíquica masiva de las familias frente al entorno disruptivo.

1.3 Síntesis de las entrevistas realizadas

En el comienzo de nuestro trabajo, diseñamos dos tipos de entrevista. Una de ellas fue pensada particularmente para el ámbito educativo. Las destinatarias fueron cinco docentes de Bahía Blanca que estaban presentes el 7 de marzo de 2025 en la ciudad damnificada. La síntesis de los testimonios nos ofrece elementos para plasmar e implementar acciones elaborativas.

Aunque todos los testimonios coinciden en la falta de protocolos, la suspensión como única prevención, la escuela convertida en centro de acopio y el WhatsApp como red de emergencia, cada relato aporta un matiz diferencial que completa el cuadro. Mientras Cecilia S. pone el acento en la necesidad futura de articulación formal entre escuelas y Defensa Civil, Anabela. M. denuncia que la alerta escolar fue tardía y desorganizada, dejando en evidencia que la respuesta oficial se limitó al mapeo aéreo mientras el trabajo territorial real lo sostuvo la solidaridad docente autoorganizada. Un representante de uno de los institutos presentes en el distrito relata dos elementos únicos: la lucha contra la desinformación, con el cura párroco como verificador de datos, y la reconversión creativa de grupos de WhatsApp de compras en redes de abastecimiento. El testimonio sobre el regreso a las aulas es el más crítico a nivel estructural, porque denuncia la brecha entre la presión burocrática del Consejo Escolar por volver y la decisión de los directivos de postergar el inicio para priorizar la contención, advirtiendo que ese retorno progresivo generó una exclusión involuntaria de los sectores más vulnerables del proceso de catarsis, y es el único que señala la causa de fondo: los desafíos vinculados al mantenimiento y la actualización de la infraestructura existente, y la importancia del financiamiento nacional. Por su parte, Ana Lucia y Nadia introducen la falta de capacitación específica en gestión emocional como falencia central, señalando que la voluntad de contención no alcanza sin herramientas profesionales. Finalmente, Eliana ofrece la mirada más positiva sobre la suspensión preventiva del 6 de marzo, considerándola oportuna y protectora, y aporta una práctica diferenciadora: no solo acopiar, sino la organización de cuadrillas mixtas de docentes y estudiantes para la limpieza directa de los hogares afectados.

Hay consenso absoluto en el diagnóstico: sin protocolo, la escuela argentina sostiene la catástrofe climática con solidaridad y WhatsApp. La diferencia está en qué propone cada uno como aprendizaje: S. pide articulación institucional, el relato del regreso pide infraestructura y financiamiento nacional, y N. G. piden formación en gestión emocional. Son tres niveles del mismo reclamo: protocolo, obra y formación.

Una lectura atenta de estos testimonios revela que durante la inundación del 7 de marzo de 2025 en Bahía Blanca, las docentes enfrentaron la emergencia mediante redes de solidaridad autogestionadas y transformando las escuelas en centros de acopio, ante la falta de protocolos de contingencia específicos. A pesar de la suspensión de clases que evitó mayores tragedias, el regreso a las aulas evidenció tensiones entre la contención emocional necesaria y la presión burocrática por la normalización educativa. La experiencia docente destacó el uso de WhatsApp para la articulación comunitaria y la labor de los equipos directivos en la contención emocional tras el colapso de infraestructura y comunicación. Se concluye la necesidad de protocolos de emergencia y un enfoque humano en el retorno escolar post-catástrofe.

En el caso de Zárate y Campana [8], los testimonios recopilados pertenecen a otros sectores. Las personas entrevistadas coinciden en que el problema se originó porque empezó a llover mucho, de manera continua: 300 milímetros de lluvia en 48 horas. [9] En las entrevistas, se resalta que en la ciudad de Zárate no se comunicó previamente con la población, no hubo plan de contingencia, ni se activaron protocolos preventivos.

Apenas se desató el temporal en la ciudad de Zárate, fueron los propios vecinos, clubes barriales, Hogares de Cristo, organizaciones sociales quienes sostuvieron la asistencia en el territorio. “La ayuda estatal fue importante, pero la respuesta concreta en cada barrio la dio la gente”. [10]

La ciudad de Zárate fue declarada zona de “catástrofe”.

En cambio, en la ciudad de Campana, si hubo un plan de contingencia dirigido por el secretario de Seguridad local y Defensa Civil de la ciudad. Cabe destacar, que el servicio meteorológico nacional había emitido alerta naranja para la zona de Campana, Zárate, Baradero en distintos medios de comunicación nacional.

En Zárate se vieron afectados los siguientes barrios: Barrio nuevo, Villa Angus, Barrio H., Barrio Mitre, Barrio Cementerio, Barrio Burgar, Covepam 8, Vipermun, barrio Bosch, San Jacinto, San Cayetano, Los Mirtillos, El Mangrullo. [11] Mientras que en Campana, los barrios afectados fueron San Cayetano, Santa Lucía y 21 de Septiembre [12]. Los barrios más afectados en ambas ciudades fueron San Cayetano (Campana) y San Luciano (Zarate), ubicados entre dos arroyos, rodeados por la ruta 9 y la ruta 6, debido a su geografía y destrucción de humedales. [13] La ciudad de Zárate, además, no cuenta con una urbanización adecuada, sobre todo en los barrios más vulnerables. En Campana, sumado a la geografía y destrucción de humedales, muchas empresas, imposibilitaron el desagüe natural del agua. A lo anteriormente expuesto, hay que sumar que entre ambas ciudades circula el tren, que pasa al lado de la Ruta 6. Por lo tanto, al llover mucho, estando la ruta y los terraplenes del tren, se desbordan los arroyos e inundan los barrios aledaños.

En la ciudad de Zárate, la ayuda humanitaria y la apertura de espacios de contención y resguardo para muchas personas damnificadas por la inundación contaron con el fuerte apoyo de la comunidad salesiana y la red de “Hogares de Cristo”, coordinadas localmente por el Padre Carlos Morena.

Al momento de evacuar a los damnificados, estuvieron presentes personal de municipalidad, defensa civil, bomberos voluntarios, personal de Prefectura y Armada Naval Argentina, civiles, organizaciones no gubernamentales y el Padre Carlos Morena junto a los chicos de los hogares de Cristo, en la ciudad de Zárate.

Horas más tarde, ante la continuidad y masividad del suceso, se convocó a dotaciones de bomberos de Pilar, quienes asistieron a la zona convocados por Defensa Civil. El puesto de comando se coordinó entre bomberos voluntarios, defensa civil y prefectura naval, logrando un resultado positivo, pues se contaba con el equipamiento necesario.

Al entrevistar a varios chicos del hogar de Cristo (de manera informal) que participaron en el suceso, coinciden en que las personas que ingresaron a los centros de contención del Padre Morena, lo hicieron shockeados, en pánico; y que ellos en la mayoría de los casos prestaron el oído, además de contenerlos, sin emitir juicio alguno.

En la ciudad de Campana, la evacuación de los damnificados, estuvo dirigida por el secretario de seguridad a través de defensa civil, coordinada con Bomberos voluntarios y equipos de emergencia del municipio. La contención y los centros de evacuados en esta ciudad, se realizó a través de un trabajo conjunto entre la municipalidad de Campana, Hogares de Cristo, y, diversas organizaciones sociales y religiosas. En Zárate y Campana se han realizado distintas transformaciones sin haber realizado estudios de impacto ambiental. Debido a esto, se han alterado u obstaculizado cauces de arroyos, y saturado el suelo (pues no alcanza a absorber el agua), alterando el equilibrio hídrico de la zona; produciendo que se inunden barrios que si se hubiera respetado a la naturaleza, no hubiesen sufrido daño o éste hubiese sido menor.

Ésta necesidad de protocolos de emergencia fue expresada en las entrevistas de las zonas afectadas por las inundaciones. Expresaron además que para paliar el impacto de las inundaciones, es necesario informar a las personas, capacitar a los dirigentes, prevenir, preparar a la población, contar con un protocolo de contención, dar respuesta y recuperación (Planes de gestiones de riesgo de la Provincia de Bs As). También, deben limpiarse los arroyos, además de aumentar la fiscalización municipal y provincial en la zona.

2. Eco-Narrativas de la Resiliencia: “Hackear el Huecuvú Mapú”. Una propuesta de aprendizaje basado en proyectos

Durante la recopilación de fuentes secundarias relativa al caso de Bahía Blanca, apareció la leyenda de Huecuvú Mapú y la maldición de la esposa del cacique Yanquetruz [14] sobre las tierras donde hoy se asienta la ciudad de Bahía Blanca; una leyenda desconocida por la mayoría de las docentes entrevistadas que se transformó en el disparador para la creación del Proyecto “Eco-Narrativas de la Resiliencia: Hackear el Huecuvú Mapú” [15].

Mucho antes de que el asfalto intentara domesticar este paisaje, los antiguos habitantes de la llanura sabían que esta tierra tenía memoria. Los pueblos originarios llamaban a esta región pampeana Huecuvú Mapú: la Tierra del Diablo. No por maldad del suelo, sino por las condiciones extremas de sus vientos y tormentas repentinas. Para ellos, la fundación de la Fortaleza Protectora Argentina en 1828 supuso una alteración profunda de un territorio vivo con el que se debía convivir, no competir. La historia oficial oculta dolores profundos. El 24 de octubre de 1858, el cacique tehuelche-mapuche José María Bulnes Yanquetruz entró a la incipiente población de Bahía Blanca. Vestía un uniforme militar de teniente coronel fruto de los tratados de paz firmados con el ejército de la Confederación. Mientras se encontraba en un boliche o pulpería local, ubicado en la actual primera cuadra de la calle Zelarrayán, se originó una acalorada disputa. En medio de la confusión, el capitán de la Guardia Nacional, Jacinto Méndez, se abalanzó sobre el líder indígena y lo apuñaló a traición por la espalda, causándole la muerte. Al hacerse pública la noticia del asesinato, la desesperación y la furia ganaron a su tribu. Su esposa, una respetada machi [16], al ver el cuerpo de su compañero roto por la traición, ejecutó un profundo ritual en la llanura. Con las manos al cielo, lanzó una sentencia fulminante sobre el poblado: maldijo a Bahía Blanca a quedar enjaulada bajo un manto de catástrofes y extremos climáticos por los siguientes mil años (hasta el año 2858). “Sufrirán el frío más cruel, el viento que enloquece y el agua que reclamará con furia los viejos cauces que nos arrebataron”, exclamó antes de retirarse.

Algunos testimonios, casi dos siglos después, vieron en pocas horas caer los 290 mm de lluvia que hicieron que el arroyo Napostá y el Maldonado se desbordaran como venas furiosas, recordaron el clamor de la Machi que cobraba una aterradora vigencia. En el aislamiento de esa noche sin luz, sintiendo el frío del agua en los pies, muchos bahienses revivieron el desamparo del Huecuvú Mapú. Hoy, el agua bajó, pero las marcas en las paredes y en el alma siguen estando. Los efectos subjetivos y colectivos de los eventos disruptivos se prolongan en el tiempo. El modelo de Benyakar nos indica la necesidad de acompañar a los damnificados, y a los agentes intervinientes para el procesamiento y la reelaboración de lo vivido. A raíz de lo investigado, consideramos que la institución escolar puede intervenir activamente como un entorno de soporte ante crisis socio comunitarias, ejerciendo una función co-metabolizadora (Benyakar). La propuesta pedagógica en cuestión se articula en tres dimensiones técnico-institucionales: la dimensión psicológica se entrelaza con la dimensión ética y con la dimensión pedagógica en la cual el aula se constituye como comunidad de soporte. Para abarcar la Dimensión Psicológica y dimensionar la fractura del soporte cotidiano de la comunidad y en nuestro caso de los adolescentes, retomamos el concepto de evento disruptivo que describe un hecho real, violento e imprevisto que como expresa el Dr. Moty Benyakar, “es el impacto de situaciones o fenómenos fácticos en el psiquismo, provocando desestabilización, desregulación y/o desarticulación del funcionamiento psíquico. Estas transformaciones psíquicas pueden devenir patológicas o pueden ser elaboradas y metabolizadas, transformándose en productivas y beneficiosas en el psiquismo”. Cuando las aguas invadieron el espacio público y privado, generaron una vivencia disruptiva caracterizada por el desamparo. Los efectos de tal hecho disruptivo no desaparecen al retirarse el agua; si no se tramitan, se cronifican en forma de ansiedad escolar o apatía. La participación en el proyecto de aprendizaje adquiere un alto valor reparador: el alumno abandona el rol de víctima pasiva y asume la autoría y el control simbólico sobre su vivencia. El pasaje de la vivencia disruptiva a la creación final otorga una dimensión ética que propicia el nacimiento de la responsabilidad subjetiva. Las tragedias socioambientales exigen desmontar la posición de la queja pasiva o el pensamiento mágico que adjudica los desastres a una mera furia climática inevitable. Este proyecto promueve rigurosamente “el giro ético”. La maldición ancestral de Yanquetruz no se cumple por magia, sino debido a variables humanas: la desidia urbanística, la falta de infraestructura o el descuido ecológico. La relevancia ética de esta propuesta didáctica para los alumnos del Ciclo Superior radica en interpelarlos como sujetos de respuesta y ciudadanos activos, pasando del desamparo a la responsabilidad ciudadana colectiva. Consideramos necesario implementar metodologías activas que conecten el conocimiento académico con la realidad viva de los estudiantes. El formato de aprendizaje basado en proyecto permite la construcción de "Colectivos de Resiliencia" (equipos de trabajo) que restablecen los lazos de confianza mutua destruidos por el aislamiento del desastre.

Inauguramos este trayecto de aprendizaje con unas preguntas guías destinadas a los alumnos: “Cuando el agua nos desbordó el 7 de marzo, Fuimos víctimas de una fuerza maldita e inevitable, o somos los constructores de un territorio que olvidó su historia? ¿Cómo podemos usar el arte y la palabra para transformar ese barro en un escudo ético que proteja el futuro de Bahía Blanca?" ¿Seguiremos siendo víctimas de una vieja maldición, o usaremos la historia para hacernos cargo de nuestra ciudad?

El desafío de este proyecto es "hackear la maldición". Los estudiantes dejarán de ser receptores pasivos del desastre meteorológico para convertirse en artesanos de la memoria. La propuesta es trabajar en equipos para crear una producción artística, narrativa o comunitaria que funcione como un puente entre el mito analizado y la experiencia real de la inundación, asumiendo una postura ética frente al cuidado del entorno. La secuencia didáctica prevé ocho módulos distribuidos en cuatros semanas. En cada semana se trabaja los siguientes temáticos (en anexo están disponibles las fichas de cada encuentro):

  • El Despertar del Mito y el Contexto de la Ocupación Territorial
  • Del Dolor a la Responsabilidad Ética
  • Manos al Barro (Producción en el Aula-Taller)
  • La Sanación Colectiva y el Cierre Político-Ambiental

Al finalizar el ciclo de ocho clases cada equipo de trabajo materializa su proyecto incorporando obligatoriamente el hecho histórico de 1858, el impacto geográfico de la Conquista del Desierto y los conceptos del glosario. Proponemos tres opciones de trabajo final integrador. En la "Bitácora del Barro y de la Historia", la libreta entrelaza la traición a Yanquetruz, el impacto ambiental de las campañas del desierto en el suelo pampeano, imágenes de la inundación del 2025 y crónicas de solidaridad barrial. La creación del Podcast "Voces del Napostá" será el documental sonoro que recrea el clamor de la Machi en la calle Zelarrayán; explica técnicamente cómo la deforestación histórica agravó las inundaciones actuales y rescata entrevistas a sobrevivientes del 7 de marzo. Y, por ende, se puede plasmar la Intervención Cartográfica "Cartas al Futuro del Territorio". En un mapa gigante de Bahía Blanca se superponen la línea de fortines del siglo XIX, los cauces originales de los arroyos y las zonas inundadas en 2025. Sobre los puntos críticos, se fijan demandas éticas e infraestructurales ecológicas.

El evento de cierre de este proceso educativo funciona bajo la lógica del “testigo ético”: la presentación de las obras ante las familias y rescatistas bahienses representa un acto institucional de convalidación social de la resiliencia juvenil.

3. Reflexión Epistemológica sobre la Vivencia Grupal Transdisciplinaria

De modo homólogo a las organizaciones estudiadas, el equipo responsable de este trabajo constituyó un sistema dinámico que procesó las tensiones propias de la disrupción en entornos virtuales y descentralizados. La composición del grupo –que integró las perspectivas de los cuerpos de respuesta, la asistencia social, la educación, la antropología, la psicología, la salud y las ciencias políticas junto a la gestión pública– requirió un esfuerzo de articulación conceptual y operativa para superar la incertidumbre, la sobrecarga de agendas institucionales y las lógicas fluctuaciones en la dinámica de equipo. El proceso confirmó la premisa de que la transdisciplina no exige la homogeneización de los lenguajes ni la anulación de las identidades profesionales, sino la articulación de saberes singulares frente a la complejidad. Esta experiencia no solo propició la producción de conocimiento sobre las crisis de 2025, sino que funcionó como un dispositivo de elaboración grupal apto para intervenir en los escenarios disruptivos contemporáneos. En conclusión, este abordaje transdisciplinario nos demuestra que el sufrimiento, el trauma y las respuestas ante lo disruptivo no pueden entenderse de forma aislada. Como afirma Pierre Teilhard de Chardin, "no somos elementos yuxtapuestos, sino fragmentos articulados de un mismo mundo en marcha". Consideramos necesario proteger y restaurar esa capacidad de articulación. En un entorno hiperconectado pero frecuentemente hostil, la tarea de las ciencias humanas no es evitar la marcha del mundo, sino fortalecer la inmunidad psíquica y los lazos simbólicos para que cada fragmento –cada sujeto– pueda seguir habitando ese devenir de manera digna, íntegra y soberana.

4. Conclusiones

Considerando que nuestro trabajo se abordó desde una perspectiva de gestión del riesgo institucional, gobernanza de la emergencia y coordinación interagencial, incorporando herramientas de la Investigación para la acción, podemos observar que en lo que se refiere al sistema escolar trascendió su función pedagógica fundamental para mutar en acciones humanitarias y de asistencia ante la falta de automatización financiera o logística de los protocolos preestablecidos para catástrofes o la inexistencia de éstos.

La primera línea de contención y organización dependió directamente del compromiso ético, humano y de la capacidad de liderazgo de los equipos directivos y docentes, quienes suplieron los vacíos logísticos institucionales. Por lo dicho anteriormente, una de nuestras conclusiones es que frente a la situación dada es necesario que los protocolos de acción ante situaciones de emergencia por inundaciones existan, y si existen, los mismos se estudien, practiquen y cumplan. Por otro lado, además de la ayuda logística brindada en las escuelas, tanto el las inundaciones de Zárate-Campana y las de Bahía Blanca, desde las mismas se desplieguen acciones estrictamente de carácter pedagógico –que es la finalidad primaria y necesaria de toda institución educativa– para dar una contención ante la disrupción provocada en toda la comunidad educativa ante una situación de emergencia, como lo fueron las inundaciones padecidas y que han sido el punto de inicio de nuestro trabajo de investigación. En este sentido, la elaboración de la propuesta de aprendizaje brinda herramientas para que la comunidad analice propuestas de acción a realizar para estar mejor preparados y generar mecanismos de afrontamiento antes posibles futuras situaciones de emergencia que permitan dar una respuesta más integral, rápida y eficaz. Es decir que además de que la escuela brinde un apoyo de tipo logística consideramos que resulta necesario también se planifiquen acciones tipo pedagógica-didáctica para poder trabajar escolarmente con toda la comunidad educativa –directivos, docentes, alumnos y familias– las situaciones de disrupción que pudieran acontecer en el lugar en el que se encuentren ubicados. Finalmente, se exponen los ejes conclusivos en clave de gobernanza, resiliencia comunitaria y elaboración grupal. El análisis de las fuentes de contraste demuestra que, ante escenarios socioambientales complejos, resulta necesario desplazar la mirada –frecuentemente restringida a la intervención clínico-pedagógica individual– hacia un enfoque sistémico centrado en la gestión del riesgo institucional, la gobernanza de la emergencia y la coordinación interagencial.

Las situaciones de crisis analizadas de 2025 evidenciaron que el sistema escolar trasciende su función pedagógica fundamental para constituirse temporalmente en una infraestructura de soporte social, acciones humanitarias y amparo asistencial. Mientras que en Bahía Blanca la suspensión preventiva mitigó el riesgo de letalidad ante un fenómeno imprevisto, la respuesta en Zárate - Campana dio cuenta de una articulación previa y estabilizada entre actores locales. Ambas experiencias demuestran que las decisiones organizacionales se inscriben en una red de interdependencias políticas, logísticas e hidrológicas que condicionan la toma de decisiones en tiempo real. En función de estos escenarios, una de las conclusiones principales es la necesidad de que los protocolos de acción ante emergencias por inundaciones existan de forma efectiva y, de encontrarse vigentes, se estudien, se practiquen periódicamente y se cumplan, garantizando su operatividad real en el territorio. El relevamiento de campo señala que el retorno presencial posterior a la emergencia suele verse presionado por demandas de normalización administrativa, lo que puede postergar el procesamiento del impacto emocional en la comunidad. Se observa pertinente que, de modo complementario a la respuesta logística, las escuelas desplieguen acciones de carácter pedagógico –finalidad primaria de la institución educativa– para abordar la disrupción acontecida. Como estrategia técnico-institucional, la propuesta “Eco-Narrativas de la Resiliencia” restituye el sentido didáctico en el aula a través del valor reparador del lenguaje simbólico y de la memoria colectiva. Se integró la leyenda de Bahía Blanca vinculada al relato del Huecuvú Mapú. Este abordaje opera como un proceso transicional mediador: al trabajar escolarmente la disrupción con directivos, docentes, alumnos y familias, se proveen herramientas orientadas a promover la acción comunitaria y el diseño de propuestas de prevención, favoreciendo respuestas futuras integrales y coordinadas.

Referencias

Bagnoli, L.S., Balza, L.H., Brichetti, J.P., Cavallo, E., Eguiguren-Cosmelli, J.M., Libra, J. M., Pérez Urdiales, M., Rivas, M., Stisman, R., Suárez-Alemán, A. (2024). Del riesgo a la confiabilidad: servicios de infraestructura resiliente para enfrentar los desafíos de la naturaleza, BID.

Benyakar, M. (2003). Lo Disruptivo. El psiquismo ante catástrofes sociales. Buenos Aires: Editorial Biblos.

Benyakar, M., Torres J.C., Rapela F.J., (2026), Lineamientos para la intervención psicosocial en contextos disruptivos, CITED (Centro Internacional Transdisciplinario en lo Disruptivo).

Michel Fariña, J.J. (1999). Ética: un horizonte en la quiebra. Buenos Aires: Eudeba.

Martínez Miguélez, M. (2006) “La investigación cualitativa (síntesis conceptual)”, en Revista de Investigación en Psicología, Vol. 9, Nº. 1, pg. 136.

Thomas, J. W. (1999), Project based learning: A handbook for middle and high school teachers. Buck Institute for Education.

Villar, D. y Jiménez, J. F. (2003). La muerte del cacique Yanquetruz en Bahía Blanca (1858). Documentos e investigaciones de historia indígena local.
Sitografía

https://publications.iadb.org/es/peligro-y-promesa-enfrentar-el-cambio-climatico-en-america-latina-y-el-caribe-resumen-ejecutivo

https://www.educ.ar/recursos/155741/el-abc-del-abp

https://www.aesthethika.org/El-regreso-de-Antigona

https://www.youtube.com/watch?v=yM7zvMur1tc&t=3s

https://www.youtube.com/shorts/PJOaQs1aNUw

https://es-us.noticias.yahoo.com/z%C3%A1rate-ciudad-aislada-inundaciones-172102095.html

https://www.lanacion.com.ar/sociedad/el-video-que-muestra-las-inundaciones-en-el-norte-de-buenos-aires-desde-un-helicoptero-nid17052025/

https://www.youtube.com/watch?v=4bsMUXC7MKE

https://www.lanueva.com/nota/2008-1-6-10-0-0-bahia-blanca-la-tierra-del-diablo

https://www.youtube.com/watch?v=8Dcy6NAMLAo

https://www.youtube.com/watch?v=Jd_-_ZsD0nE&t=49s

https://correlavoz.net/Nota-3409-a_un_mes_de_las_histricas_inundaciones_en_zrate_y_campana

https://www.infobae.com/sociedad/2025/05/19/el-agua-continua-sin-bajar-y-zarate-fue-declarada-como-zona-de-catastrofe/

https://www.infobae.com/sociedad/2025/05/19/el-agua-continua-sin-bajar-y-zarate-fue-declarada-como-zona-de-catastrofe/

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https://www.diariolavozdezarate.com/2025/05/19/zarate-zona-de-desastre/

https://www.pagina12.com.ar/826512-el-temporal-sumergio-pueblos-y-barrios-enteros/

https://correlavoz.net/Nota-3409-a_un_mes_de_las_histricas_inundaciones_en_zrate_y_campana

https://correlavoz.net/Nota-3409-a_un_mes_de_las_histricas_inundaciones_en_zrate_y_campana

ANEXO: Fuentes

1. Organismos Oficiales de Monitoreo y Alerta Temprana

Servicio Meteorológico Nacional (SMN) - República Argentina: Registros históricos de Avisos a Corto Plazo (ACP) y Sistema de Alerta Temprana (SAT). Específicamente, los partes emitidos de manera previa y durante el 7 de marzo de 2025 (alerta por tormentas severas y vientos huracanados en el sudoeste bonaerense) y las alertas hidro-meteorológicas por sudestada del 16 y 17 de mayo de 2025 para el noreste de la provincia.

Prefectura Naval Argentina (PNA): Reportes hidrométricos oficiales sobre las cotas de altura y niveles de desborde del Río Paraná de las Palmas (estaciones Zárate y Campana) durante el pico de la crecida histórica de mayo de 2025.

2. Canales de Gestión Institucional y de Emergencia

Comité de Crisis Municipal de Bahía Blanca y Defensa Civil: Comunicados de prensa oficiales, partes de situación de emergencia y decretos municipales de contingencia urbana emitidos a partir del 7 de marzo de 2025.

Comités de Emergencia (COE) de Zárate y Campana: Reportes conjuntos de Bomberos Voluntarios, direcciones de Defensa Civil locales y áreas de asistencia social sobre el despliegue logístico y apertura de centros de evacuados los días 17 y 18 de mayo de 2025.

Dirección General de Cultura y Educación (DGCE) de la Provincia de Buenos Aires: Resoluciones y comunicados de las Jefaturas Distritales y los Consejos Escolares de las regiones afectadas correspondientes a las fechas de las crisis, detallando las disposiciones oficiales de suspensión de clases, afectación edilicia y designación de escuelas públicas como centros de evacuación formal.
3. Registros de Prensa y Hemeroteca Digital (Fuentes Periodísticas de Contraste)

Caso Bahía Blanca: Artículos de crónica, coberturas en tiempo real y reportajes de medios locales y nacionales como La Nueva (Bahía Blanca), Infobae, La Nación y agencias informativas de cobertura nacional. Se analizaron los testimonios de ciudadanos y autoridades escolares publicados en los días posteriores al 7 de marzo de 2025 para reconstruir la fase aguda del impacto.

Caso Zárate - Campana: Coberturas especiales de medios regionales del norte bonaerense (como Enlace Crítico, La Auténtica Defensa de Campana, e Impacto Local) y crónicas fluviales que documentaron el impacto del agua en las zonas periféricas, el aislamiento en la sección de islas y la reconversión operativa de las escuelas durante los días 17, 18 y 19 de mayo de 2025.

4. Enlaces y Material Multimedia de Respaldo

Video Documental (Bahía Blanca): "Cómo 270,000 PERSONAS PERDIERON TODO en una MAÑANA | La Catástrofe de Bahía Blanca" - Canal Leonardo Ventosa (https://www.youtube.com/watch?v=4bsMUXC7MKE ). Contiene la descripción del colapso bajo los 290 mm de lluvia, operativos de evacuación escolar e infraestructura dañada.

Registro de Operativos (Bahía Blanca): Informe Especial de Situación y Coordinación Territorial (https://youtu.be/yM7zvMur1tc?si=b1FygMvdxBXSEg07 ). Evidencia los datos logísticos de articulación entre fuerzas federales y el Consejo Escolar.

Crónica de Prensa (Zárate): "Zárate, una ciudad aislada por las inundaciones" (https://es-us.noticias.yahoo.com/z%C3%A1rate-ciudad-aislada-inundaciones-172102095.html?guccounter=1 ). Documenta el bloqueo total de accesos e infraestructuras viales.

Registro Aéreo (Norte de Buenos Aires): "El video que muestra las inundaciones en el norte de Buenos Aires desde un helicóptero" - Diario La Nación (https://www.lanacion.com.ar/sociedad/el-video-que-muestra-las-inundaciones-en-el-norte-de-buenos-aires-desde-un-helicoptero-nid17052025/ ). Certifica visualmente la escala de la disrupción hídrica en escuelas rurales e isleñas.


[1Los episodios de este tipo no son anomalías estadísticas. A nivel mundial, los desastres meteorológicos (tormentas o temperaturas extremas), los desastres hidrológicos (inundaciones y deslizamientos de tierra) y los desastres climatológicos (incendios forestales y sequías) han aumentado drásticamente en las últimas décadas; América Latina y el Caribe no es una excepción (Cavallo, Hoffmann y Dueñas, 2025). La región sufre el 22% de las inundaciones más graves del mundo (lo que supone tres veces más que la proporción de población mundial de la región) y se enfrenta a distintos patrones de riesgo, desde tormentas –especialmente en el Caribe y América Central– hasta sequías –especialmente en América del Sur– y episodios de temperaturas extremas en toda la región (Blackman et al., 2025).

[2Este trabajo refleja la actividad grupal realizada en el marco de la Diplomatura Universitaria Internacional “Intervención en desastre, trauma y disrupción”, USAL-UBA, 2026.

[3Se trata de «un método sistemático de enseñanza que involucra a los estudiantes en el aprendizaje de conocimientos y habilidades, a través de un proceso extendido de indagación, estructurado alrededor de preguntas complejas y auténticas, y tareas y productos cuidadosamente diseñados» (Thomas, 1999).

[4Definimos un muestreo según un criterio de realidad basado en nuestros conocimientos, y la disponibilidad de tiempo conscientes de la imposibilidad de llevar a cabo un análisis exhaustivo.

[5Según Moty Benyakar la función co-metabolizadora implica acompañar, sostener y facilitar el atravesamiento de lo vivido, y favorecer la reorganización de los vínculos y del entorno.

[6Quedó pendiente la profundización del rol de los medios de comunicación en la percepción del riesgo en la población damnificada, su influencia sobre la respuesta social y de las acciones de recuperación.

[7Según los lineamientos CITED la intervención sin encuadre puede resultar iatrogénica. Por lo tanto se destaca la importancia de formación, supervisión y reconocimiento de los límites de cada individuo o grupo involucrados en las intervenciones.

[8“Las zonas de Campana y Zárate forman parte de una extensa región de humedales y planicies aluviales asociadas al río Paraná de las Palmas. Estos ecosistemas cumplen funciones clave en la regulación hídrica: retienen el agua de lluvia, amortiguan crecidas y recargan acuíferos. Su degradación, por ende, eleva el riesgo de inundaciones. En los últimos veinte años, esta región ha sido objeto de una intensa presión inmobiliaria e industrial. Urbanizaciones cerradas, parques industriales, terraplenes y obras de infraestructura se han levantado en zonas que antes eran espacios de escurrimiento natural del agua. En muchos casos, sin los estudios de impacto ambiental adecuados, sin participación ciudadana y sin una mirada integral del territorio y su ordenamiento. La elevación artificial de terrenos para estos proyectos modifica el curso del agua, que ya no puede seguir su camino natural.”

[15Los destinatarios son estudiantes de 4°, 5° y 6° año de Educación Secundaria. La duración estimada es de 4 semanas (8 encuentros / 16 horas cátedra). Integró las áreas de Literatura, Geografía, Construcción de Ciudadanía, Filosofía y Arte.

[16Sinónimo de sanadora y guía espiritual.



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