ISSN 1553-5053Sitio actualizado en   septiembre de 2026 Visitas:

Volumen 22 | Número 2
Septiembre 2026 - Marzo 2026
Publicación:


Presentación del libro del profesor Amnon Carmi

Bajo el signo de Libra
Memorias de un jurista para el sabio equilibrio de la Bioética

Reseña de libro

BETWEEN THE SCALES / Bajo el signo de Libra

Memorias de un jurista para el sabio equilibrio de la Bioética
Prof. Emérito Dr. Moty Benyakar, M.D., Ph.D.

Universidad del Salvador (USAL), Argentina
18th World Conference on Bioethics, Medical Ethics and Health Law
Porto, Portugal | 28–30 de septiembre de 2026

Señoras y señores:

Presentar un libro significa, habitualmente, hablar de un texto, de sus contenidos y de las ideas que su autor quiso transmitir.

Pero presentar Between the Scales es para mí algo diferente y, al mismo tiempo, bastante más difícil.

Porque no estoy solamente presentando un libro. Estoy presentando, a través de este libro, a un hombre al que conozco desde hace más de veinte años; un hombre con quien he tenido el privilegio de trabajar, de compartir proyectos, inquietudes y reflexiones, y de quien continúo aprendiendo hasta el día de hoy.

Conocí al profesor Amnon Carmi durante un Congreso Mundial de Psiquiatría, en El Cairo. Fue allí donde me propuso incorporarme al proyecto que estaba desarrollando. Acepté su invitación y, a partir de aquel encuentro, comenzó entre nosotros un largo camino de trabajo conjunto.

Con los años, aquel proyecto fue creciendo y adquiriendo una extraordinaria dimensión internacional en el campo de la bioética. Pero también fue creciendo nuestra relación personal.

Antes de continuar, quisiera expresar mi agradecimiento a Ilan Keidar, quien tradujo este libro al inglés, y a Juan Jorge Michel Fariña, con quien tuve el placer de realizar su traducción al castellano, titulada Bajo el signo de Libra. Memorias de un jurista para el sabio equilibrio de la Bioética.

Gracias a estas traducciones, las experiencias y reflexiones de Amnon Carmi pueden llegar a lectores de diferentes lenguas y culturas, ampliando el diálogo que él ha promovido a lo largo de su vida.

Mi lectura de Between the Scales tiene, por lo tanto, dos perspectivas: la del libro que Carmi ha escrito y la de alguien que conoce personalmente a su autor y reconoce, detrás de muchas de sus páginas, al hombre con quien ha compartido tantos años.

Quisiera comenzar diciendo algo que considero fundamental: este libro no es una autobiografía convencional.

El propio Carmi nos da una clave para comprenderlo. Al mirar hacia atrás, después de más de noventa años de vida, explica que no pretende relatarnos todo cuanto le ha sucedido. Selecciona acontecimientos decisivos de su existencia y dice que intenta reunirlos y contarlos acompañándolos de «un poco de reflexión moral».

Esta expresión, aparentemente sencilla, define una de las características esenciales del libro.

Carmi recuerda, narra y reflexiona.

Escoge situaciones: encuentros, conflictos, errores, éxitos, experiencias familiares y profesionales. Y detrás de cada una de ellas parece formularse una pregunta: ¿qué podemos aprender de lo vivido?

El índice muestra la amplitud de su recorrido: el estudiante y el abogado, el magistrado, el juez, el bioeticista, el especialista en Derecho Médico, el hombre que reflexiona sobre sí mismo y el viajero que recorre el mundo.

Pero detrás de esa diversidad existe una profunda unidad.

Between the Scales es la historia de un hombre que pasó su vida sopesando.

Sopesando hechos y personas. La ley y la justicia. La autoridad y la responsabilidad. El conocimiento y la duda. El juicio profesional y la vulnerabilidad humana.

Por eso el título del libro es tan significativo.

La balanza pertenece al universo de la justicia. Pero, después de leer el libro, comprendemos que sus platillos van mucho más allá de un tribunal.

Todos vivimos, de alguna manera, entre los platillos de una balanza.

Tenemos que elegir, decidir y asumir las consecuencias de nuestras decisiones.

Y Carmi ha vivido gran parte de su vida precisamente allí: en ese difícil espacio entre alternativas que muchas veces no permiten una solución perfecta.

Su biografía ayuda a comprenderlo.

Nacido en Berlín en 1931, Carmi comienza el libro narrando su propio nacimiento de una manera literariamente sorprendente: como si pudiera observar la escena desde el interior de la experiencia.

Después aparecen la familia, Alemania, la infancia y el traslado a Haifa.

Ya en su descripción infantil del Monte Carmelo encontramos algo que continuará presente durante todo el libro: una extraordinaria memoria sensorial. El cielo, el mar, las montañas, el viento, los olores y los paisajes no aparecen como meros datos biográficos. Carmi los vuelve a experimentar mientras los escribe.

Estudió Derecho, ejerció como abogado y posteriormente ocupó la función de juez. Pero tampoco allí encontramos solamente una carrera profesional.

Encontramos una permanente interrogación acerca de qué significa realmente ser abogado y qué significa realmente ser juez.

Hay una característica de Carmi que aparece reiteradamente en estas páginas y que para mí es particularmente importante: no se presenta como un hombre que siempre tuvo razón.

Cuenta sus aciertos, pero también sus errores.

En uno de los casos judiciales más complejos de su carrera describe cómo tuvo que enfrentarse a una enorme cantidad de testimonios y documentos, y cómo llegó sucesivamente a conclusiones diferentes.

Años después reconoce que probablemente la Corte Suprema había tenido razón al corregir su decisión y escribe, con extraordinaria sencillez:

«Looking back, it is clear to me that I erred in handling this case».

Creo que esta capacidad de reconocer el propio error nos dice más acerca de Carmi que muchos de sus éxitos.

Porque aquí aparece una idea fundamental del libro: juzgar no significa poseer la verdad.

El juez es un ser humano.

Carmi se pregunta hasta qué punto es posible alcanzar una objetividad absoluta. Reconoce que dentro de cada persona existen experiencias anteriores, sentimientos, creencias y prejuicios, y que liberarse completamente de ellos para producir un juicio enteramente objetivo es imposible.

Esta afirmación, viniendo de un juez, adquiere una profundidad particular.

No disminuye la responsabilidad del juez. Al contrario: la aumenta.

Precisamente porque quien juzga es humano, debe conocer sus propios límites.

Y aquí encontramos el puente que une al jurista con el bioeticista.

A primera vista podríamos pensar que existen dos Carmi: el hombre del Derecho y el hombre de la Bioética.

Yo no creo que sea así.

Creo que existe un solo Carmi, preocupado a lo largo de toda su vida por un mismo problema: cómo toma decisiones un ser humano cuando su decisión afecta la vida de otro ser humano.

En el tribunal, la pregunta aparece ante el acusado, el damnificado, los testigos y la sociedad.

En medicina aparece ante el médico y el paciente.

En bioética aparece frente a los extraordinarios poderes que la ciencia y la tecnología han colocado en nuestras manos.

Y en todos esos ámbitos reaparece la misma exigencia: conocimiento, normas y responsabilidad; pero también escucha, respeto por el otro y conciencia de nuestros propios límites.
Su concepción de la enseñanza de la bioética es un excelente ejemplo.

Durante décadas se dedicó a la investigación, la enseñanza y la organización internacional en este campo. Pero él mismo explica que una de sus contribuciones fundamentales fue cambiar la manera de enseñar ética.

Observó que los estudiantes de Medicina escuchaban pasivamente largas exposiciones sobre principios éticos. Su respuesta fue extraordinariamente sencilla: en lugar de sermones, casos; en lugar de estudiantes pasivos, personas obligadas a pensar y decidir.

Reunió cientos de situaciones médicas reales que planteaban dilemas éticos y las convirtió en instrumentos de discusión y toma de decisiones.

Para Carmi, la ética no se aprende solamente escuchando qué está bien y qué está mal. Se aprende enfrentándose a una situación en la que hay que decidir.

Y fue todavía más lejos.

Llegó a la conclusión de que comenzar a enseñar ética cuando el estudiante entra en la Facultad de Medicina podía ser demasiado tarde.

Las normas fundamentales con las que nos relacionamos con otros comienzan a adquirirse en la familia, en el jardín de infantes y en la escuela.

Por eso impulsó programas de Bioethics for Children, con historias y actividades adaptadas a diferentes edades, para que los niños pudieran comenzar tempranamente a enfrentarse con cuestiones como la discriminación, la dignidad, el respeto y la responsabilidad.

Aquí encontramos otra característica que atraviesa todo el libro: Carmi transforma las ideas en instituciones y las instituciones en acciones.

Lo vemos en el Derecho, en la formación de jueces, en el Derecho Médico, en la enseñanza de la bioética y en las organizaciones internacionales que ayudó a crear y desarrollar.

Lo vemos también en la World Association for Medical Law. Se incorporó a ella cuando el Derecho Médico internacional todavía estaba en una etapa inicial; concibió la creación de una revista especializada y en 1980 publicó el primer número de Medicine and Law, revista que editó durante treinta años.

Pero su capacidad de transformar las ideas en instituciones adquiere una dimensión particularmente significativa en el ámbito internacional de la bioética.

En el marco de la UNESCO, donde diferentes cátedras universitarias desarrollaban actividades de enseñanza e investigación en bioética, Carmi impulsó la creación de una Red Internacional que permitió integrar a universidades, académicos y profesionales de diferentes países y culturas en torno a un proyecto común.

Su iniciativa no consistió solamente en reunir instituciones. Consistió en construir un espacio de intercambio y cooperación capaz de superar las fronteras geográficas, culturales y disciplinarias.

Posteriormente, Carmi promovió que esta red continuara desarrollándose de manera independiente, preservando su autonomía frente a las posiciones políticas y los intereses particulares de las instituciones internacionales.

Esta decisión expresa, a mi entender, una característica fundamental de su concepción de la bioética: la responsabilidad ética por la vida humana no puede quedar subordinada a las circunstancias políticas ni a los intereses particulares de las instituciones.

La bioética necesita instituciones, pero también necesita independencia para cumplir su función.

De este modo, Carmi dio origen al ICB —International Chair in Bioethics—, una red internacional de la que hoy formamos parte. Actualmente, el profesor Rui Nunes ha asumido la responsabilidad de dar continuidad a este proyecto, junto a todos nosotros, manteniendo vivo el compromiso de promover una bioética independiente, abierta al diálogo y a la cooperación entre universidades, profesionales y culturas.

Pero el libro no está escrito solamente por el jurista, el profesor o el bioeticista.

Está escrito por Amnon.

Aparecen el niño, el hijo, el esposo, el padre, el deportista, el viajero, el hombre que recuerda y también el hombre que envejece.

La esgrima ocupa un lugar significativo en su historia. Carmi comenzó a practicarla siendo apenas un niño y llegó a convertirse en campeón nacional. En sus enfrentamientos, procuraba vencer al contrincante sin herirlo.

Quisiera detenerme un instante en esta faceta de su vida porque, conociéndolo, encuentro en ella algo que va mucho más allá del deporte.

La elegancia y la precisión con las que Carmi manejaba la espada, junto con la capacidad de concentración y de dominio de sí mismo necesarias para enfrentar al adversario, son cualidades que también reconozco en su manera de enfrentar las adversidades de la vida y en su actuación como juez.

Precisión para observar. Concentración para no perder de vista lo esencial. Capacidad para sostenerse frente a situaciones difíciles. Y elegancia en el modo de relacionarse con las personas, incluso cuando debía confrontar, interrogar, decidir o juzgar.

Quizás la espada y la balanza parezcan pertenecer a mundos diferentes.

Sin embargo, en Carmi ambas requieren algo semejante: equilibrio, concentración, precisión, respeto por quien está enfrente y responsabilidad por cada movimiento y cada decisión.

Pero el verdadero símbolo del libro no es la espada.

Es la balanza.

Y junto a la balanza aparece otro gran tema: la huella.

El libro se abre con un breve y hermoso poema de Hanna Carmi, su esposa y compañera de vida, titulado So What.

Hanna formula allí una pregunta aparentemente simple y, en realidad, enorme: ¿nos iremos de este lugar sin dejar una huella? ¿Qué quedará de nuestro paso?

La imagen que utiliza es extraordinaria: las huellas que un pequeño dinosaurio dejó impresas hace millones de años. Y a partir de ellas surge la pregunta acerca de cuáles serán nuestras propias huellas.

Creo que esa pregunta acompaña silenciosamente todo el libro.

¿Qué queda de una vida?

¿Los cargos? ¿Los libros? ¿Las sentencias? ¿Las instituciones? ¿Los alumnos? ¿Las personas que han aprendido de nosotros y que, a su vez, transmitirán algo de lo aprendido a otros?

Tal vez todas estas cosas.

Y aquí quisiera volver, por un momento, a mi relación personal con Amnon Carmi.

Han pasado más de veinte años desde nuestro primer encuentro en El Cairo y desde que comenzamos a trabajar juntos. Pero hay algo que para mí tiene un significado muy especial.

Hasta el día de hoy, cuando voy a visitarlo a su casa y nos sentamos a conversar, sigo aprendiendo de él. Sigo aprendiendo acerca de la responsabilidad, del juicio, de la ética, de la necesidad de escuchar al otro y de la dificultad de decidir cuando aquello que tenemos delante no admite respuestas simples.

Cuando estoy con él, yo lo llamo «mi maestro». Y él me responde llamándome «mi amigo».

Quizás esas dos palabras —maestro y amigo— expresen mejor que muchas explicaciones lo que Amnon Carmi significa para mí.

Porque después de tantos años de trabajo compartido, continúa existiendo la amistad; pero también continúa existiendo algo que considero esencial en toda verdadera relación con un maestro: la posibilidad de seguir aprendiendo.

Y quizás ésta sea una de las formas más profundas de dejar una huella.

No solamente construir instituciones, publicar libros u ocupar posiciones importantes. Sino conseguir que, muchos años después, alguien pueda sentarse frente a nosotros y todavía salir de esa conversación habiendo aprendido algo nuevo.

Por eso me parece especialmente conmovedor el final de Between the Scales.

Carmi regresa a la casa de su infancia para visitar unos pinos que había plantado con su padre noventa años antes.

Los encuentra todavía allí.

Los mira y escribe:

«Elderly like me.
Bent like me.
Waiting patiently, like me».

Se sienta junto al gran pino. Recuerda que él mismo trepaba a sus ramas cuando era niño y que años después también lo hacía su hija.

Entonces un vecino le comunica que el árbol deberá ser cortado la semana siguiente.

Carmi se aleja.

No puede volver la mirada hacia el árbol.

Me parece difícil imaginar un final más adecuado para este libro.

El niño que plantó aquel árbol regresa noventa años después convertido en un hombre que ha atravesado prácticamente un siglo de historia.

El árbol ha envejecido.

Él también.

Pero entre aquel niño y ese hombre quedaron muchas cosas.

Una familia. Generaciones de alumnos. Jueces. Médicos. Juristas. Bioeticistas. Instituciones. Libros. Ideas. Y, sobre todo, personas.

Tal vez por eso yo no terminaría diciendo simplemente que Between the Scales nos cuenta la vida de Amnon Carmi.

Diría algo diferente.

Después de haber pasado una vida entera sopesando argumentos, testimonios, decisiones, valores y dilemas humanos, en este libro Amnon Carmi coloca, finalmente, su propia vida sobre la balanza.

Y nos permite observarla.

No para que la juzguemos.

Sino para que pensemos.

Para que nos preguntemos qué hacemos nosotros cuando nos corresponde decidir.

Qué responsabilidad asumimos por nuestras decisiones.

Cómo escuchamos al otro.

Cómo reconocemos nuestros errores.

Qué transmitimos a quienes vienen después de nosotros.

Y, finalmente, qué huella esperamos dejar.

Quizás ésta sea, para mí, la característica más profunda de Between the Scales.

Es un libro sobre una vida.

Pero es, sobre todo, un libro que utiliza una vida para hacernos pensar acerca de la nuestra.

Muchas gracias.




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